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Inuyasha: amores perros (2)

Todo empieza como jugando
Nos situamos en el Japón del periodo Muromachi (1467-1568 dne), era conocida como "Sengoku Jidai" o de estados en guerra. Inuyasha es un ser muy temido que hace su aparición en una villa famosa por poseer la joya mágica conocida como "Shikon no Tama" (esfera de las cuatro almas). Como la joya le brinda poderes inimaginables a su poseedor, es custodiada por una sacerdotisa llamada Kikyou, que tiene un altísimo poder espiritual y una excelente habilidad con el arco y la flecha. Ella mantiene purificada la joya para no que no sea usada con fines malignos.
Inuyasha desea usar la joya debido a que es un hanyou, mitad humano, mitad youkai. Esta mezcla de sangres no le permite poseer los grandes poderes que un youkai completo tiene, a pesar de que su padre fue uno de los más poderosos que hubiera existido.
La historia comienza con el temible Inuyasha en una incursión a esa aldea. Ataca devastadoramente y sin contemplación a todo lo que se le cruza hasta llegar al altar donde está la joya, la roba y escapa envuelto en una gran explosión de fuego.
En ese momento hace su aparición Kikyou, quien desde muy lejos y con una herida mortal en la espalda, usa todas sus energías para lanzarle a Inuyasha una certera flecha. Ésta impacta en su corazón y lo estampa contra un gran árbol para sellarlo definitivamente.
Al parecer, Inuyasha ha muerto: la Shikon no Tama y la aldea han sido salvadas, pero todo esto a costa de la muerte de la sacerdotisa Kikyou, quien antes de su fatal desenlace pide como última voluntad a su hermana Kaede quemar la Shikon no Tama junto con su cadáver, para que no vuelva a caer en manos de seres tan peligrosos y perversos.
Pasan 550 años desde ese suceso, y ahora estamos en el Tokio actual. En el templo Higurashi, una chica llamada Kagome acaba de cumplir 15 años, y durante toda su vida su abuelo le relataba todo tipo de aburrídismas historias sobre el templo y cosas por el estilo, las cuales ella ignoraba sin prestarles la menor atención. Ese día, Kagome y su hermano se acercan al pequeño cobertizo del pozo de la casa, porque su gato se había perdido. Pero cuando la chica baja a buscarlo, un enorme ciempiés mitad mujer la ataca y la arrastra al pozo exigiéndole que le entregue la mística joya Shikon no Tama. Kagome consigue librarse, pero al salir huyendo del pozo encuentra un gran bosque en el lugar donde supuestamente debería estar su casa. Lo único que ella reconoce es el “Go Shinboku”, el árbol legendario de su templo. Kagome, muy feliz pensando que ha encontrado el camino a casa, llega al árbol y encuentra a alguien clavado con una flecha. De esa manera ve por primera vez a Inuyasha.
El encuentro no dura mucho debido a que los habitantes de la villa la encuentran y, creyéndola una espía, la llevan ante Kaede, quien además de ser ahora anciana, es la sacerdotisa mayor. Kaede encuentra en Kagome un parecido sorprendente con Kikyou, y sospecha que quizás sea su reencarnación. Mientras, el demonio ciempiés que la llevó a esa época vuelve a la carga destruyendo las casas de la villa y exigiendo que se le entregue la joya.
Kaede cree que lo mejor es llevar al demonio al pozo que está en el "Inuyasha no Mori" (bosque de Inuyasha), pozo con la particularidad de "devorar" los huesos de cualquier youkai, pues hace desaparecer todo lo que entre en él. Kagome se ofrece a sí misma para llevarse al youkai, pues es a ella a quien busca. La joven experimenta el miedo a la muerte mientras la youkai ciempiés la persigue camino al bosque, y pide auxilio. Así es como, por primera vez en cincuenta años, Inuyasha abre los ojos.
De un mordisco, la youkai le quita a Kagome la joya, la cual tenía incrustada en el cuerpo, y se la traga. Así empieza su metamorfosis en un youkai mucho más poderoso. Inuyasha, todavía colgado, se burla del asunto y confunde a Kagome con Kikyou, pero luego se da cuenta de que esa muchacha no es la misma que lo selló. Usando el miedo del momento, le dice que debe quitarle la flecha del pecho, pues sólo él tiene el poder de derrotar a ese youkai. De no hacerlo, todos morirían, y sería peor si el ciempiés terminara de digerir la Shikon no Tama, pues entonces sería invencible. Kagome, entre asustada y decidida a no morir en un lugar desconocido, arranca la flecha que sellaba a Inuyasha.
Inuyasha desborda de risa, pues al fin es libre, y destruye al ciempiés en contados segundos. Pero luego de eso amenaza a Kagome con asesinarla si no le entrega la joya para volverse un youkai completo. Parecía que ya nada podía salvar a Kagome, cuando con un "rosario mágico" Kaede hace un hechizo que permite que una sola orden de Kagome sea capaz de detener a Inuyasha. Entonces, Kaede le pide a Kagome que detenga a Inuyasha con un conjuro, y al verle las orejas de perro, sólo atina a decir "osuwari", palabra usada para entrenar perros que significa "sentado".
Ante la orden, Inuyasha retumba contra el piso como si un poder muy fuerte lo jalara y obligara a "sentarse". Inuyasha no tiene entonces más remedio que obedecer a "su ama" como "buen perrito", o al menos hacerle creer eso por un rato. No obstante, la joya es robada una vez más, ahora por un demonio cuervo. En la batalla por recuperarla, Kagome la parte de un flechazo en muchísimos pedazos, mil para ser exactos, los cuales quedan esparcidos por una extensa área.
Ahora, Kagome deberá juntar los fragmentos con la ayuda de Inuyasha, pues uno solo de ellos aumenta considerablemente el poder de cualquier youkai o ser maligno que lo desee. Claro que no estarán solos tras los fragmentos: demonios, humanos y demás criaturas andarán en su búsqueda para incrementar su poder. A esto sumémosle el nada despreciable problema de que Kagome tiene familia y deberes que cumplir en nuestro mundo.
"Inuyasha" es una historia que no escatima en romance, melodrama y risas, elementos que la autora ha empleado con soltura en sus obras anteriores, aunque en esta ocasión los complementa muy bien con grandes dosis de acción. El dibujo es el típico de Rumiko Takahashi, sin sorpresas en ese aspecto, y la forma de desarrollar la historia es la que usualmente ha utilizado: introduce cada vez más personajes, controlándolos para ir contando las partes de la historia que ella considere convenientes. Así, tras el encuentro con Inuyasha en el pasado, se desplegará ante nuestros ojos un extenso plantel de pintorescos personajes secundarios, algunos más recurrentes que otros. Los resultados narrativos saltan a la vista, y por ello no es de extrañar que en esta época de animes de usualmente 26 o 13 episodios, “Inuyasha” se haya podido despachar con una teleserie de 167 episodios (que incluyen cuatro especiales) más cuatro largometrajes. Mientras tanto, el manga parece estar pronto a terminar su publicación, lo que hace crecer las especulaciones sobre eventuales secuelas en el mundo de la animación.
   
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