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Díos nos coja confesados
¿Qué es la
humanidad? ¿Qué pasará en el futuro?
¿Qué es el alma? ¿Por qué
existimos? ¿Estamos solos? ¿Quién
es Dios? Son preguntas ciertamente inusuales en una
serie de televisión. Neon Genesis Evangelion,
más allá de su exuberancia sensorial,
brinda abundante material para gozar lujuriosamente
con la fascinación producida por la brillantez,
la innovación, la osadía y la pura fuerza
bruta creativa que los animadores japoneses ponen
en su trabajo. Evangelion y Gainax han marcado un hito
con la calidad de animación para una serie televisiva
y con los alcances de su historia polémica, audaz
y sugestiva. Al igual que la temática de esta
obra maestra, han hecho evolucionar el género
y lo han llevado a límites insospechados.
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Génesis
Las series mecha (robots gigantes) son de
las más antiguas del anime y constituyen uno de
sus más distintivos géneros. Todos habremos
visto alguna y conocemos el tema y sus convenciones: una
organización o un científico loco dedicado
a la conquista del mundo para propósitos maléficos
con el uso de monstruos gigantes; una organización
que se le opone, representada por un muchacho de 8 a 17
años que pilota un robot gigante, a menudo construido
por un pariente o ligado sentimentalmente a su creación;
y una novia que lo ayuda, más el obligatorio personaje
cómico.
Todas estas series tienen el mismo corte, la misma temática
y hasta episodios calcados, con mayor o menor predictibilidad.
Virtuales propagandas para vender figuras y muñecos
de la serie, eran notables por su carencia absoluta de
realismo, pues no había una explicación
cuasicientífica que nos contara por qué
los malos usaban robots gigantes, por qué se actuaba
al margen de las fuerzas militares regulares, ni el cliché
más flagrante de todos: cómo era posible
que el protagonista derrotara a sus enemigos al instante
de haberse sentado en la silla de control, sin entrenamiento
previo alguno.
Eran series shonen, para jóvenes; emocionantes,
entretenidas y vanas. Una vez que su audiencia objetivo
crecía (los cínicos dirían que "maduraba"),
las abandonaban (al igual que los juguetes) y buscaban
otra cosa.
Los 70 se consideran su Edad Dorada. Después de
la ofensiva de los grotescos robots de Go Nagai (ver artículo
en la página 26 de esta edición), durante
el primer lustro de esa década, en 1978 una serie
puso al género patas arriba y lo cambió
para siempre: Mobile Suit Gundam 0078. Por primera vez,
este género del anime intentaba hacerse científicamente
plausible. En este sentido, los robots eran simples maquinarias
sin mayor "identidad"; los bandos en conflicto
tenían sus propias motivaciones y sufrían
de maquiavélicos arreglos políticos dentro
de su propio seno; y los personajes crecían en
complejidad y vida psicológica, a la par que cuestionaban
sus actos, ideologías y adhesiones. Había
elementos subyacentes en una gran trama que se desarrollaba
progresiva y secuencialmente. Eran buenos shows mecha,
y también buena ciencia ficción.
Después de Gundam vino Macross y toda una serie
de shows que se prestaron los elementos de novela
previamente introducidos en Uchuu Senkan Yamato: una historia
desarrollada a lo largo de varios capítulos. Orguss
y Votoms siguieron con ese mismo estilo, al igual que
toda la plétora de sagas de Gundam (comenzando
con Z Gundam), donde elementos de complejidad atraían
a un público de mayor edad promedio sin dejar de
lado el aspecto comercial (es decir, los muñecos,
los juguetes y los modelos a escala). En muchas producciones
de este género, la productora, generalmente un
fabricante de juguetes, financiaba el anime con el fin
de darlo a conocer, pero todas sus ganancias no venían
de la venta de la serie en sí (sólo recuperaban
sus costos), sino de los ingresos de la mercancía
asociada.
Incidentalmente, este género (y Gundam en especial),
con su fanática devoción, originó
una de las acepciones primarias de la palabra "otaku",
que se usa como sinónimo de "obsesionado con
el anime". Un otaku, decían los confundidos
espectadores y los atribulados padres, es alguien de edad
"mayor" (digamos, pasados los 15) que todavía
ve animes del género mecha, gasta todo su dinero
y pasa todo su tiempo comprando y armando modelos de Gundam,
y no tiene amigos, ni enamorada, ni vida social. Era (y
en Japón, aún lo es) una palabra muy despectiva
e insultante. Una buena manera de iniciar una pelea.
Para atraer a su audiencia, predominantemente masculina,
las series eran más bien machistas, y presentaban
versiones estereotipadas de mujeres escasamente vestidas,
como objetos de adorno. Tradicionalmente, no era muy "respetable"
seguir viendo series del género si uno superaba
su edad objetivo. Gundam echó esto por tierra al
presentar una historia lo suficientemente compleja como
para que valiera la pena seguirla viendo una vez que se
perdiera el interés por sus atractivos principales:
cueros, peleas, explosiones y juguetes.
Quizás no se originó aquí, pero también
aparece el "fan service": escenas totalmente
gratuitas, sin relación ni necesidad alguna para
la historia, de desnudos femeninos. Muy breves y reveladoras,
tan sólo justificables para atraer a los chicos
de sangre caliente (¿y quién, a esa edad,
no la tenía?). Era la época de los shows
claramente diferenciados: shonen para chicos y shoujo
para chicas.
En los 80 apareció un nuevo estudio de animación
llamado Gainax, formado por aficionados (otakus) que crearon
algunos de los mejores animes de la historia con brillantez
y gran talento. Algunas obras suyas, como Gunbuster, tienen
un argumento sólido y genuinamente conmovedor,
pero aún así tenía elementos de autoparodia,
guiños dirigidos a los espectadores enterados,
pequeñas bromas ocultas que le dejaban a uno la
incómoda sensación de que le estaban tomando
el pelo al observador. Como si Gainax misma no se tomara
en serio. Inventaron el "Gainax bounce" (rebote
Gainax), una especial manera de caminar de los personajes
femeninos donde todo les rebotaba y saltaba, especialmente
los pechos. Otaku no Video (El video del otaku) es una
parodia hilarante de sí misma, de los otakus, los
estudios de animación, las productoras y el mundo
real. Y aún así, da que pensar. Hicieron
obras maravillosas como Honneamise no Tsubasa (Alas de
Honneamise) para luego quejarse de que nadie los entendía.
Sus principales estrellas, con el director Hideaki Anno
a la cabeza, tenían fama de ser un puñado
de bohemios sin sentido de los negocios y sin seriedad.
En algún momento, Hideaki se preguntó con
confusión si uno podía tener una edad respetable
(digamos 20, 30 o 40 años), todavía ver
(y disfrutar) series de robots gigantes y chicas kawaii,
y aún así esperar ser feliz en la vida.
Y lo preguntaba como el otaku máximo por antonomasia.
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