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Versailles no Bara: De una historia rosa a una rosa con historia (2)

Primero, el manga
Según cuenta Ryoko Ikeda, luego de haber leído María Antonieta de Stefan Zweig, se sintió conmovida y motivada a escribir sobre la época de la Revolución Francesa, particularmente sobre los años previos a ésta. Pese a no tener la experiencia suficiente, la guiaba un deseo de hacerlo "en memoria de su juventud", como ella misma declarara alguna vez.
En aquellos años, aún no existían los mangas shoujos "históricos". Más aún, no había precedente de algún título 100% shoujo que hubiera tenido un gran éxito. Por esa razón, los editores no estaban muy entusiasmados con su idea. Sin embargo, esta actitud negativa no la desanimó, y más bien se convirtió en un desafío ante el cuál no estaba dispuesta a ceder. Como resultado de su persistencia, La Rosa de Versalles fue publicada en el semanario Margaret, de la editora Shueisha, entre la primavera japonesa de 1972 y el otoño de 1973, durante 82 semanas consecutivas. Su tenacidad fue premiada con el éxito absoluto, y por primera vez en la historia del manga, un shoujo se convertía en "best seller". La popularidad generada por Beru-Bara hizo que se vendieran más de 12 millones de copias del manga recopilado. Quince años después, en 1987, para cumplir con una demanda insatisfecha, se publicó por segunda vez esta recopilación completa a través de la misma revista Margaret. Posteriormente, a fines de febrero de 1997, la revista Josei Seven (Mujer Siete), de la editora Shogakukan, comenzó a publicarla nuevamente en una base semanal.
Todo esto no fue suficiente para cubrir el creciente entusiasmo hacia la serie, pues a pesar del tiempo transcurrido, el interés por la historia de Oscar no ha decaído un ápice. Prueba de esto fue la necesidad de editar una recopilación especial que reuniera todo el manga en una sola edición, dirigida especialmente a las nuevas generaciones de admiradores de Oscar. Esta nueva edición se planteó como una presentación especial de lujo de cinco volúmenes en formato pequeño. La primera impresión se hizo en marzo de 1994, y para mayo de 1999, esta nueva edición especial había sido impresa ¡por vigésimocuarta vez!
En conclusión, es asombroso cómo, tras casi treinta años de su primera publicación, Versailles no Bara siga aún vigente, y con una alta demanda. Esto nos da una idea exacta de la gran dimensión que tiene el trabajo de Ikeda dentro del manga en general, y del género shoujo en particular.
Un aspecto interesante es que, como parte del trazo que la caracteriza, la autora presenta durante sus primeros episodios una deliciosa irreverencia frente al drama que lleva en sí el argumento principal. Ikeda utiliza para ello una serie de gags gráficos donde ridiculiza las expresiones de algunos personajes en ciertas situaciones jocosas (especialmente de los considerados secundarios). Sin embargo, lo que sobresale en el trabajo de Riyoko Ikeda es el brillo de los ojos de las protagonistas. Así mismo, los hermosos resplandores que completan el aura mágica del palacio son recursos que realzan los fuertes sentimientos de los personajes y se mantienen hasta la última viñeta. Entre los principales atractivos de la obra de Ikeda está su galería de personajes, los cuales rebosan de humanidad. Algunos de ellos viven del amor, otros se ahogan en sus riquezas, pero todos sin excepción forman el vívido argumento de La Rosa de Versalles. Las situaciones cómicas, por el contrario, menguan conforme avanza la historia hasta desaparecer casi por completo, y son sustituidas por una perenne atmósfera dramática, en donde abundan los sentimientos encontrados.

... y luego el anime
En general, los eventos presentados en Versailles no Bara suceden en los años previos a una de los momentos más convulsionados en la historia de Europa, la Revolución Francesa. En particular, el relato sobre Oscar se desarrolla en medio del ambiente despreocupado y ligero de la corte francesa. Así, ésta es una historia que nos muestra la majestuosidad, el lujo y el boato de la corte de los Luises, la vida y las peculiaridades de sus reyes, reinas y séquito aristocrático, pero a la vez también sus despilfarros, caprichos e irracionales frivolidades, que contrastan con el desolado escenario de pobreza y miseria extrema de los ciudadanos franceses comunes.
Como muy pocas obras de anime, en Beru-Bara la ficción del argumento utiliza eficientemente la realidad histórica de las intrigas, las traiciones y las conveniencias políticas de una corte que vivía de espaldas a su sufrido y miserable pueblo. De este modo, la autora desarrolla al máximo una sugestiva tensión que en todo momento acompaña al amor que lucha por imponerse en la vida de los protagonistas y que, tras una esperanzadora posibilidad, termina trágicamente devorado por los eventos a los que son arrastrados todos los personajes.
Nunca hasta el día de hoy se ha creado un anime que no sólo se haya nutrido tanto de un evento histórico, sino que también lo haya asimilado con tanta eficacia, hasta el punto de confundir al espectador y hacerlo pensar en que los acontecimientos del argumento hayan podido suceder realmente. De este modo, la obra de Ikeda puede llegar a generar preguntas inquietantes. ¿Fue realmente María Antonieta esa reina frívola e inconsciente de la que hablan los libros de historia? O contrariamente, tal como se sugiere en Beru-Bara, ¿fue sólo una niña despreocupada cuyo único pecado fue obedecer a su madre en un matrimonio arreglado y aceptar su destino valientemente? ¿Pudo haber sido tan absurda y tan decadente la situación de la corte francesa, hasta el extremo de que un desaire a la favorita del rey podía provocar una sangrienta guerra entre las naciones más poderosas de su tiempo? Y finalmente, ¿por qué no creer que la prohibida relación entre María Antonieta y un noble sueco fue amor verdadero y no un vil adulterio? ¿En qué punto de esta historia termina la fantasía y empieza la realidad?
No cabe duda de que el desarrollo argumental de Riyoko Ikeda fue magistral desde muchos puntos de vista. La inclusión de personajes reales, como fueron los reyes de Francia, Fersen (el amante sueco de la reina), Maximilian Robespierre, Jeanne de Valois, el Duque de Orléans, el general Jaryayes e inclusive una aparición fugaz pero muy sugestiva de un entonces jovencito llamado Napoleón Bonaparte -entre una larga lista- le dieron a su historia el suficiente peso para crear un verdadero universo paralelo, tan consistente como la realidad histórica. Por otro lado, pese a incorporar y mezclar sucesos reales y figuras históricas con personajes y situaciones ficticias, la historia logró mantener perfectamente el énfasis en las emociones, la moda, las relaciones humanas, la tragedia y el amor, todos elementos importantes de la mayoría de historias shoujo.
La Rosa de Versalles es un título que pareciera señalar la presencia de un único personaje principal, en este caso "la rosa" (Oscar). Sin embargo, según sus propias palabras, la autora inicialmente había concebido que un triángulo de amor llevara el peso del argumento. Éste lo formarían la propia Oscar François Jarjayes como oficial de la guardia real, la reina María Antonieta y Hans Axel Von Fersen, el noble sueco. Detrás de ellos creó una serie de personajes secundarios, entre los que destacó André Grandier, fiel amigo desde la infancia y eterno compañero de aventuras de Oscar. Pero la historia evolucionó en forma tal que finalmente toda la narración y el interés de Berusaiyu recayó por completo en Oscar, pues sobre ella se trazan varias líneas antagónicas. Por un lado, su extraña vida amorosa, dividida entre Fersen (del cual se enamora aun sabiendo que no será correspondida) y su sirviente André (quien la amaba secretamente desde que eran pequeños). Y por otro lado, su sincera amistad y aprecio hacia la reina Maria Antonieta, a quien sirve con lealtad. Los demás personajes devinieron en secundarios.

   
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