Las Alas del Capitán
Unos niños que deberían pasar por el antidoping.
Una amistad sostenida a las patadas. Un vago ebrio camino
a la cegera, que dejó de ser un crack en la cancha
porque hicieron "crack" en su cráneo.
Todo esto y más en un manga que desde el inicio
muestra por qué es el padre de todos los yaois
hechos en Japón. Un Japón que no fue al
mundial, sino que se lo tuvieron que llevar por delivery.
Aun así, con más de 60 volúmenes
publicados en todas sus versiones, "Captain Tsubasa"
fue el más exitoso manga deportivo, tanto que
la historia de Yoichi Takahashi sirvió de inspiración
a toda una generación de jóvenes peloteros
en el país del sol naciente.
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Todo empieza en Japón, con
un niño de tal vez unos dos años que viste
overol y camiseta de manga larga, y que juega contento
con su pelota frente a la puerta de su casa. Entretanto
sus padres lo ven jugar y conversan de cosas diversas,
como el futuro de su hijo. Su profesión obliga
al Sr. Ohzora, capitán de un barco, a salir de
viaje por su profesión, y mientras se despide
de su esposa, ambos se dan con que en ese momento el
niño se dirige hacia la ajetreada pista por perseguir
su balón. En ese momento sus padres sólo
consiguen gritar "¡Tsubasa!", al ver
que un camión está a punto de arrollar
a su niño, quien justo acaba de atrapar la bola.
Diez años después vemos el balón
nuevamente en el aire, y a la Sra. Ohzora gritando "¡Tsubasa!"
a un niño que con polo, short y chimpunes sale
de la casa a la que recién se están mudando,
mientras ella y los de la mudanza descargan las cosas
del camión. La Sra. Ohzora, con una caja en sus
manos, sólo alcanza a ver que sale corriendo
con su balón para perderse de vista tras voltear
la esquina. La madre, enojada al principio, se calma
mientras recuerda el día en que su niño
estaba a punto de ser atropellado: si se salvó
fue porque se aferró al balón, el cual
recibió todo el impacto, y el niño cayó
ileso a un lado de la acera sin soltar para nada su
pelota. La señora Ohzora, al verlo ahora saludable
y fuerte, concluye que definitivamente su hijo nació
para el fútbol. Contento de estar en un nuevo
distrito, Tsubasa llega con su balón a un campo
de fútbol, donde escucha a unas niñas
hablar de la rivalidad entre los colegios locales Nankatsu
y Shutetsu por ver quién se queda como dueño
de la cancha. Tsubasa se queda por curiosidad, y escucha
a un chico más alto que él, llamado Wakabayashi,
líder del Shutetsu, retar a los del Nankatsu.
El reto consiste en que a menos que lo derroten haciéndole
un gol con cualquier tipo de bola, el campo será
sólo del Shutetsu, y el Nankatsu no tendrá
derecho a poner un solo pie en dicho terreno. Wakabayashi
se pone en el arco y espera, los del Nankatsu, liderados
por Ryou Ishizaki, aceptan. Entonces uno de rugby es
el primero en probar, pero a pesar de patear con toda
su fuerza, ve con desilusión cómo el balón
es rechazado con las justas por una patada del guardameta.
Viene luego el representante del handball (balonmano),
quien tras arrojar la bola hacia el arco, ve al arquero
atraparla con ambas manos en un salto seguro, cayendo
a su vez la bandana de la frente del asombrado jugador
de balonmano. Tsubasa observa asombrado cómo
ahora viene un jugador de béisbol para retar
al insolente portero, quien simplemente sonríe
en son de burla. Todo el Nankatsu anima al lanzador
a que lance su bola, pero al hacerlo el asombro es aun
mayor que antes, pues ven a su oponente atrapando la
bola con su mano izquierda sin apenas moverse. Sin que
a los del Nankatsu les queden más dudas sobre
la superioridad del retador, éstos simplemente
se baten en retirada, quedando sólo Ryou Ishizaki.
Entonces Tsubasa se le acerca y le dice que él
sí puede vencer al invencible arquero. Después
de lo que ha sido testigo, Ryou no le cree, sorprendiéndose
de la seguridad del recién llegado, cuyo nombre
desconoce. Entonces le muestra una enorme mansión
desde lo alto de una colina, y le dice que ésa
es la casa del portero, al cual un pequeñín
como él nunca va a poder superar. Pero luego
se da cuenta que Tsubasa no sólo no lo escucha,
sino que va a tratar de hacer que, a pesar de la enorme
distancia, la bola llegue de una patada a la mansión.
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