NO A SOPA NO A PIPA
Las Alas del Capitán, segunda parte (3)
El juego termina con un marcador 3-2 a favor del Nankatsu. Ro­berto, por su parte, está admirado de cuán rápido aprende Tsu­basa nuevas técnicas. Durante la siguiente ronda, los del Meiwa de Saitama enfrentan al Maebashi de Gunma; el Yokka Minato de Mie, al Kasai de Kagawa; el Furano de Kita, Hokkai­do, al Ka­wazoe de Saga; el Yonago de Tottori, al Bizen de Oka­yama; el Nankatsu de Shizuoka, al Naniwa de Osaka; el Ryusen de Iwa­te, al Shinjoh de Nara; el Sannomiya de Tokushima, al Musashi de Tokio; y el Hitachi de Ibaraki, al Nikkoh de Tochigi.
Es de noche y todos están en el comedor del lugar donde se alojan, cuando los del Furano vienen a conversar con Taroh y todos los del Nankatsu. Justo en ese instante, Kojiroh pasa y accidentalmente Matsuyama lo golpea con el codo. La reacción de Kojiroh es inesperada y golpea brutalmente a Matsuyama, quien luego lo toma de la camiseta con deseos de revancha. Tsubasa y Taroh les piden que no peleen, a lo que se les suma Jun Misugi y Taichi Nakanishi, el gigantesco arquero del Nani­wa, ansioso por el partido que al día siguiente le toca jugar con el Nankatsu. Entonces, la calma vuelve al local.
Al día siguiente, todos están animados por el juego que les toca. En eso, Tsubasa recibe una llamada de Wakabayashi, quien le dice que puede que muy pronto esté en la portería con ellos, especialmente si les toca con el Meiwa. En el campo deportivo del Yomiuri Land se dan cuatro encuentros simultáneamente en cuatro canchas. Los del Nankatsu, que aún no les toca jugar, ven el partido Furano-Kawazoe. En éste, el capitán Matsuyama se la pasa a su compañero Nakayama, que logra anotar gol. De allí, los del Nankatsu pasan a ver el juego del Musashi con el Sannomiya, pero para su sorpresa el capitán del Musashi, Jun Misugi, no está jugando. En cambio, observa todo desde la ban­ca, y el jugador 6 es quien anota el gol. En ese mismo momento, el Furano está con 2-1 a favor.
Finalmente, llega el momento de que el Nankatsu se enfrente al Naniwa. Mientras todos en el equipo de Tsubasa comparten su optimismo y alegría por el encuentro, los del Naniwa esperan seriamente el inicio del juego, excepto su capitán y guardameta, que ha esperado ansioso por este compromiso. Se da el silbato y Tsubasa da la patada inicial. Avanza con la pelota, se la pasa a Taroh y éste a Taki, que al verse bajo intento de marca, hace un pase al capitán. Éste dispara, pero el tiro es bloqueado por el enorme cuerpo del arquero, quien le dice a un admirado Tsu­ba­sa que sepa de una vez que él es mejor arquero que el mismo Wakabayashi. Luego hace un pase largo que va de un arco a otro, lo que toma por sorpresa a Morisaki, quien no puede evitar que el 11 del Naniwa reciba el balón y haga gol de cabeza. Con un gol en contra, el Nankatsu contraataca. Tsubasa recibe el ba­lón y ante una fuerte marca se la pasa a Kisugi, cuyo tiro es nue­vamente atajado por el arquero, que prácticamente recibe la bola en sus manos. Éste vuelve a hacer un pase largo y el Nani­wa intenta hacer otra anotación, pero el balón es interceptado en el aire por Taroh, que cae felinamente e inicia su ataque disparando el balón hacia la zona izquierda del arco. El portero, que se halla en el centro, se lanza y toma la bola con sólo una mano. Pero Tsubasa no se rinde, pues sabe que si pudo anotarle un gol a Wakabayashi, también podrá hacerlo con Nakanishi.
Los del Naniwa, confiados en su arquero, inician el ataque, mas quien lleva el balón se distrae al ver a Tsubasa, por lo que decide pasársela a un compañero. No obstante, Ishizaki intercepta y se la manda Kisugi, éste a su vez a Tsubasa que, atajado en su avance, hace una impecable pared con Taroh y sigue avanzando. Entonces Tsubasa se prepara, chuta y el guardameta se lanza hacia delante y logra tomar el balón pero, para su sorpresa, la bola se le escapa y es gol. El juego continúa y Tsubasa recibe de nuevo el balón. El arquero, enojado por el gol anterior, avanza cual luchador de sumo contra Tsubasa, que ve desprotegido todo el lado izquierdo. Entonces se la pasa a Kisugi, que está más cerca de ese lado, y el gol es inevitable. Estamos ya en el segundo tiempo, Taki tira hacia Tsubasa y el portero nuevamente intenta enfrentarlo saltando contra él. Mas esta acción deja desprotegida el ala derecha del arco, por lo que Tsubasa pasa a Izawa, quien hace el tercer gol, para luego venir el cuarto por parte de Taroh. Al ver a Urabe darle un pase a Taroh, el portero, obsesionado con vencer a Tsubasa, comete su último error. Se abalanza contra él con todo el peso de su cuerpo y los puños cerrados para hacerlo papilla, pero Tsubasa lo elude de un salto con todo y esférico y, mientras el arquero deja un forado en el terreno, Tsubasa ano­ta el gol que sella la victoria.
El marcador queda 5-1 a favor del Nankatsu. Kojiroh, que ha ob­ser­vado el juego hasta el final, está a punto de retirarse cuando una idea lo paraliza. Sabe que venció a un Wakabayashi que estaba mal de la pierna, por lo tanto las cosas serán diferentes cuando el ausente arquero esté sano y fuerte. En ese instante, Kira, su maltrajeado entrenador, botella en mano, le dice que no tiene que preocuparse por Wakabayashi, pues ha mandado llamar a un arquero tan bueno e incluso mejor: Ken Wakashimazu. En esos mismos instantes, un personaje con pinta de vago re­co­rre las calles camino al estadio, pateando un balón con su bol­sa de viaje al hombro y un gorro que le cubre los ojos.
Continúa el torneo. El Meiwa, con su jugador estrella, Kojiroh, vence al Kasai por 5-1; el Furano, con su capitán Hikaru Matsuyama, le gana al Yonago por 3-1; y el Nankatsu derrota al Shinjoh por 7-1, destacando la dupla de oro de Taroh y Tsubasa. Por otra parte, empieza el juego entre el Musashi y el Hitachi, pero nuevamente Jun sigue en la banca. En casa de la familia Misugi, en Tokio, Musashi Nishi, la madre de Jun, está preocupada por la salud de su hijo. En ese mismo instante, Yayoi, la mánager del Musashi, va a ver a Tsubasa, lo cual no hace sino incrementar los celos de Anego. Pero lo que Yayoi le viene a pedir a Tsubasa es que deje ganar a Jun, pues le explica que él sufre de una debilidad cardiaca, debido a lo cual no puede jugar por mu­cho tiempo. Ésa es la razón por la cual pasa la mayor parte del tiempo en la banca, pues un juego prolongado implicaría un esfuerzo que acabaría con su vida. Tsu­ba­sa le dice que él no puede hacer eso, pues su sueño es llegar a Brasil, por lo que no puede perder ni ése ni ningún otro juego. Entre tanto, los del Hitachi han anotado y puesto el marcador 1-1. Llega la hora en que Jun decide entrar a jugar, pero en su casa su madre sufre de dolor.
Tsubasa grita ánimo a Jun, cuya sola presencia alienta aun más a su equipo. Tras un avance imparable, el recién ingresado logra posesionarse del balón y driblea a todos sus oponentes, para alegría de todas sus admiradoras. En cuanto ve que dos adversarios le salen al encuentro, Jun le pasa el balón al 9 y éste al 10. Éstos, dirigidos por aquél, se la pasan al 16, que se la entrega de vuelta a Jun, quien tiene la camiseta 14. Ahora ya está libre y cerca del arco, lo justo para meter un gol, cosa que logra sin problemas. Al finalizar, el partido acaba 6-2. Tsubasa, que ha visto el desarrollo del juego, no puede creer que un mu­chacho tan enfermo del corazón como Jun pueda hacer las ju­ga­das que hace. Esa noche Tsubasa sólo piensa en lo que Ya­yoi le dijo sobre Jun, y éste en poder enfrentarse con Tsubasa. Por su parte, Kojiroh piensa en no perder, y Matsuyama en su desquite por lo que le hiciera Kojiroh.
Comienza el partido Meiwa-Furano y Takeshi, del Meiwa, da la patada inicial. Se deshace del balón en cuanto tres del Furano intentan cortarle el paso y lo recibe Hyuga, que empieza a co­rrer. Mas es interceptado por el capitán del Furano, Hikaru Mat­su­yama, dispuesto a todo por no dejarse pasar. Mientras tanto, fuera del campo los del Nankatsu tienen una reunión con su entrenador, quien les explica el plan de juego con el Musashi, y les pide a Izawa y Urabe que marquen a Jun. Al mismo tiempo, los del Musashi también escuchan a su entrenador, quien les avisa que esta vez Jun jugará la mayor parte del partido.
De vuelta al campo de juego, Kojiroh y Hikaru se encuentran en un duelo por el balón que ninguno parece ganar. Hikaru no logra quitarle el balón a Kojiroh, pero éste no puede quitarse la marca ni pasársela a otro jugador. Justo cuando llegan varios del Fura­no en apoyo de su capitán, Hyuga intenta darle un pase a Take­shi, que resulta cortado por Matsuyama. El capitán del Furano se encuentra ahora en posesión del esférico, seguido por un furioso Kojiroh Hyuga, que, haciendo un barrido desde atrás, además de quitársela lo derriba. Kojiroh, nuevamente teniendo su familia en sus pensamientos, chuta y anota el primer gol a favor del Meiwa. Sin embargo, los del Furano mantienen el áni­mo y comienzan una contraofensiva. El 3 se la pasa al 11, éste al 10 y este último al 7. Pero Kojiroh le gana la bola con una ba­rrida, para luego jugársela a Takeshi, que chuta, mas el arquero del Furano anula el intento. Al poco tiempo, un nuevo duelo se da entre Hyuga y Matsuyama. Aunque aquél logra derribar a Hikaru y le lastima la pierna, no logra ganar el balón, pues el árbitro pita la falta. Es más, Kojiroh descubre que su oponente se dejó herir con tal de hacerle cometer falta, para tener así la oportunidad de hacer un tiro libre. Cinco jugadores del Meiwa se alinean delante del arco y el capitán del Furano, soportando el dolor, hace un tiro que deja inmóvil al arquero del Meiwa. El marcador se iguala 1-1. Por su parte, Ken Wakashimazu observa todo como un espectador más.
Cuando se da el silbato de medio tiempo, un cansado y molesto Hyuga se sienta sudoroso y casi abatido, mientras sus compa­ñe­ros lo ven sin saber qué hacer. En ese momento, el entrenador le pide a Takeshi que apoye a Kojiroh. Entonces Sawada recuerda aquel día de abril en que practicaba con su balón, soñando con unirse al Meiwa F.C., cuando de pronto éste desaparece ante sus ojos, para darse con que Hyuga, que pasaba por allí repartiendo sus periódicos, era quien se lo había quitado. Kojiroh, luego de darle algunos consejos, se lo devuleve y se marcha a continuar con su trabajo. Cuando más adelante, durante las pruebas de selección de jugadores, los del Meiwa no aceptan a Takeshi por ser menor que ellos en grado de estudios, edad y estatura, Hyuga aparece nuevamente. Esta vez los amonesta diciéndoles que no es el grado lo que cuenta en el fút­bol, sino la habilidad, cosa que Takeshi demuestra tener. Des­de entonces está en el Meiwa y se entrena al lado de Kojiroh. Es mucho, pues, lo que Takeshi siente que le debe a Kojiroh.
Mientras aquél delibera todo esto, los del Furano descubren que el tacle que Hyuga le propinara a su capitán le ha lastimado bastante la pierna. No obstante, éste les dice que no es nada y que aun así seguirá jugando, lo que mantiene en alto el ánimo de sus compañeros. Suena nuevamente el silbato y ahora es el Furano el que inicia. Kojiroh consigue el balón, mas en su avance es interceptado por Hikaru, y se da así otra pelea por el ba­lón. Pero esta vez es Takeshi quien termina el duelo, al llevarse la bola sorpresivamente, para devolvérsela luego a Kojiroh. Hi­karu salta para ganarla, pero debido a que ésta está demasiado alta, no lo logra su cometido. La bola llega entonces a Hyuga, que sin pérdida de tiempo chuta y anota el segundo gol.
Continúa el juego y uno del Meiwa intenta cortar a Hikaru, pero termina dándole en la pierna lastimada, y se comete así una nueva falta. A pesar de que Hikaru se doblega de dolor, se so­bre­pone al ver la preocupación de sus compañeros, y les re­cuerda cuando entrenaban en medio de la nieve. En el momento en que se va a realizar el tiro libre, un extrañado Takeshi ve que Hyuga parece estar a punto del desmayo. No obstante, éste aduce que no pasa nada. Se da el tiro libre. Hikaru chuta desde el lado izquierdo del arco con cinco oponentes delante de él, mientras tres del Furano avanzan hasta el lado derecho. Pero el capitán no pretende disparar al arco, sino darle pase a uno de sus compañeros, que recibe, cabecea y se la manda a otro. Éste se la envía a un tercero, quien patea hacia la esquina iz­quierda del arco, pero el tiro es bloqueado por Kojiroh, el feroz tigre. La bola se va rodando, pero Matsuyama, a pesar del dolor, se dirige hacia ella, deja sin efecto el intento de Takeshi por bloquearla, dispara y logra anotar otro gol.
Sigue el juego y un sudoroso Hyuga intenta recuperar el esférico, sólo para quedarse tirado en medio del terreno y ver avanzar incontenibles a sus rivales. Al intentar parar un pase del Furano, uno del Meiwa no puede evitar que el balón dé contra su brazo derecho, y se comete así otra falta más. Para horror de Hyuga, esta vez la falta se sanciona con penal. Para el Fu­ra­no, el partido ya está ganado. Todos están a la expectativa del desenlace cuando se aparece Wakashima­zu, que pide entrar como reemplazo del arquero del Meiwa. Avanza tranquilamente hacia la portería mientras se pone los guantes, y le dice a Ko­ji­roh que se prepare a re­cibir el pase. Matsuyama no conoce al arquero recién llegado, así que no ve que esto pueda hacer diferencia. Entonces, decidido a todo, patea el balón soportando el dolor que le causa su herida, pero el ar­quero parece adivinar la verdadera dirección de la bola. Se lanza hacia ella y la atrapa antes de que llegue al arco, para luego arrojarla hacia donde Ko­jiroh, quien entonces inicia la ofensiva.
Hyuga tiene delante de sí un arco completamente libre, pues todos los del Furano están en el área opuesta, y corren ahora hacia él para detenerlo. Mientras el árbitro mira su reloj, finalmente su pierna lastimada le impide a Hikaru proseguir. Dos logran adelantarse a Kojiroh y tratan de bloquearlo, pero Kojiroh patea. Su disparo es tal que el balón sale como ba­la de cañón, por lo que sus ri­vales salen disparados y Hyu­ga ano­ta un gol que el portero ya no podía evitar. Cuando el árbitro da el silbatazo final, los estados de ánimo son de lo más variados: ale­gría por el triunfo de un lado, pena por la derrota del otro. Justo en ese momento Hyuga se desploma pesadamente, así que su en­trenador pide que llamen rápidamente a un médico. En­ton­ces Tsubasa comprende instantáneamente en qué condición estuvo realmente jugando Hyuga. Por su parte, Taroh comenta sobre el guardameta recién llegado, pero Tsubasa les dice a sus amigos que, aun así, él no piensa perder la próxima vez que se enfrenten al Meiwa.
Ahora es el turno de jugar contra el Musashi. El árbitro arroja una moneda para decidir quién dará la patada inicial, y le toca al Musashi hacerlo. Recibe entonces Jun, que burla a Izawa y Ura­be, que tratan de bloquearle el paso. Jun se la pasa a Sano, és­te al 10, quien se la pasa a Sanada, que hace un tiro de cabeza. Pero éste es recibido por el arquero Morisaki, quien se la manda a Taroh, que driblea a varios contrarios. Luego le pa­sa a Taki, quien, a pesar de que todos creen que se la pasará a Ki­sugi, pues éste avanza libre de marca hacia el arco, en verdad se la envía a Tsubasa. No obstante, llega Jun y corta el pase.
   
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