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Nausicaä del Valle del Viento (3)
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La nave aterriza en el valle sin
ningún tipo de inspección de esporas por
parte de los pobladores y encima sobre un campo recién
sembrado, cosas que a Nausicaä le parece intolerables,
pues ahora tendrán que quemar toda el área.
Pero su asombro aumenta cuando ve desembarcar a los
Wormhandlers, preguntándose por qué la
guardia imperial está contratando a este tipo
de personas; se da cuenta también de que si no
tiene cuidado, el Valle del Viento podría ser
un segundo Pejitei. Al lado de Nausicaä, los hombres
del valle que la acompañan consideran que el
uso de los "hombres-gusanos" que vienen a
ensuciar su valle constituye un acto de guerra, por
lo que Nausicaä se ve obligada a calmarlos y partir
hacia el lugar del aterrizaje. Nausicaä aborda
su Mehve con Teto y le pide a Mito cubrirla con el Gunship,
y ambos salen hacia allá. Pese a los consejos
de su padre, la joven princesa no parece estar muy dispuesta
a comportarse a la altura de la situación y con
calma, pues mientras se va acercando a ras del suelo
carga su rifle, hace un disparo contra las canastas
de los Wormhandlers y se estrella contra ellos haciéndolos
saltar por los aires. Las tropas de Torumekia se preparan
para disparar pero su líder los detiene cuando
ve aparecer al Gunship tras el aerodeslizador. La joven
princesa salta de su Mehve, clava su espada cerámica
contra el piso y se presenta ante las tropas torumekianas,
a las que increpa por haber venido a su país
en compañía de los Wormhandlers sin anunciarse
y sin pedir permiso. El comandante de la expedición
explica que están en busca de traidores de Pejitei
bajo las órdenes del emperador, y que los Wormhandlers
han sido agregados a la unidad como comandos especiales.
Además dice que de seguro la gente del valle
ayudará en la búsqueda de los traidores,
a lo que Nausicaä responde que no, pues ellos son
una nación independiente de la periferia y nunca
ha violado sus tratados con el emperador; incluso la
guardia imperial del emperador debe estar sometida a
ciertas normas de conducta. Mientras dialogan, los Wormhandlers
liberan a sus gusanos y ellos descubren que lo que buscan
lo lleva consigo la joven princesa, y las larvas se
muevan hacia ella y se suben encima. Nausicaä se
apoya en su espada, y de pronto una extraña fuerza
sale de ella y hace brincar a los bichos y al propio
Teto, para sorpresa de los torumekianos, que la consideran
magia y desagrado de los wormhandlers, que reciben a
los asustados gusanos. Muy enojada, Nausicaä empuña
su espada e insulta a los torumekianos, por lo que uno
de los soldados se prepara para batirse en duelo con
ella. A punto de empezar la lucha aparece Yupa con la
demás gente del valle, y los torumekianos lo
reconocen e inclusive lo nombran como el mejor espadachín
de la periferia. Yupa no reconoce a la joven y no logra
evitar la pelea, por lo que está se abalanza
sobre el soldado. Haciendo uso de una depurada técnica
de ataque aprendida de Yupa, salta sobre él y
le clava la espada en el cuello y, justo cuando lo va
a ultimar, Yupa interpone su brazo entre la espada de
Nausicaä y ésta se clava en él. Al
mismo tiempo amenaza al soldado poniéndole una
daga en la garganta hecha con armadura de ohmu, que
fácilmente atravesaría su cobertura de
cerámica, y les grita a ambos que se detengan.
Luego llama la atención a ambos bandos en conflicto
reclamándoles lo innecesario de iniciar una batalla
que destruiría el valle y terminaría con
la alianza entre éste y Torumekia. Mientras habla,
un hilo de su sangre baja por la espada de Nausicaä
y eso la hace reaccionar y calmarse. Por su parte, el
líder torumekiano felicita a Yupa por sus palabras,
manda a sus hombres a guardar sus espadas y subir a
bordo al herido, al mismo tiempo que se levanta la máscara
de su armadura y se muestra como una joven mujer, lo
que sorprende a la gente del valle. La joven comandante
torumekiana se disculpa por su actitud y la de sus hombres
con Nausicaä y Yupa, y le pide permiso a éste
para ver su espada, hecha de caparazón de Ohmu
y ligera como la cerámica, y usando su propia
espada la parte en dos. Antes de irse, le pregunta a
Nausicaä si se volverán a encontrar en algún
momento, a lo que ella responde que sí, en el
campo de batalla.
Mientras las tropas torumekianas parten, Nausicaä
recién se da cuenta de que ese soldado torumekiano
con el que peleó estaba muerto ya en el campo
de batalla, pero no puede pensar mucho en realidad pues
los pobladores la rodean y vitorean por su valor al
enfrentarse sola a los torumekianos. Aprovechando el
buen humor de su gente, Nausicaä la manda a buscar
cualquier espora que hayan podido traer los torumekianos.
Más tarde y mientras es curado de sus heridas,
Jhil y Yupa comentan la actuación de Nausicaä.
Jhil dice que hubiera sido fácil eliminar a la
unidad torumekiana que actuaba sola con el Gunship y
luego ocultar la evidencia, pero eso habría sido
la semilla de un futuro problema. Reconoce también
la táctica de la comandante torumekiana al desarmar
la situación en su momento más tenso,
al poderse retirar y no perder más que un hombre;
digno de Kushana, cuarta hija del emperador Vai. Mientras,
Nausicaä y los pobladores descubren con pesar que
una de las esporas se quedó oculta y ya ha infectado
un árbol del valle y debe ser quemado; el hecho
produce gran pena a todos, pues ese árbol era
el protector del valle, el árbol más viejo
de todos, presente allí por 500 años.
Mientras todos quedan abatidos por la quema del árbol,
Teto, que había huido de Nausicaä durante
la pelea con Kushana, vuelve y la reconforta mientras
ésta se pregunta por qué su destino es
haber nacido como princesa. Ese día, muy lejos
de allí, el imperio de Torumekia le declara la
guerra a los principados Dorok.
Mientras, en las ruinas de la ciudad de Pejitei, la flota
de Kushana descansa y ésta recibe a un enviado
de su padre, a quien tolera pero no acepta con alegría,
pues sabe que ha sido enviado a vigilarla. Él dice
llamarse Kurotowa, y Kushana le pide un reporte de cómo
van las acciones de batalla en el frente contra los Dorok.
Kurotowa le cuenta que sus tres hermanos continúan
el asedio de las ciudades en cuestión, las cuales
van cayendo una tras otra; ya van siete principados Dorok
que han caído y once de sus ciudades fortificadas
con torretas han sido tomadas. Sus tres hermanos han hecho
más de diez mil esclavos entre los Dorok. Lleno
de exaltación, Kurotowa sigue narrando las hazañas
militares de los torumekianos y habla de una pronta conquista
de la ciudad sagrada de Shuwa, centro de los principados
Dorok. Pero Kushana no se deja impresionar por esta perorata
y presta poca atención y crédito a lo que
Kurotowa le dice. Es más, piensa que todo lo que
sus hermanos hacen por conquistar a los Dorok les puede
dar una buena excusa a ellos para barrerla del panorama,
pues sin la piedra extraviada, ya no tiene ningún
valor. Recibe además las órdenes de atacar
el flanco de los Dorok con su flota volando por encima
de la selva tóxica con bastante suspicacia. Kurotowa
le dice que su padre le manda un mensaje: si recupera
la piedra, será mejor que cualquier victoria en
el campo de batalla. Kushana se retira a caminar sola
y luego busca a sus hombres para parlamentar acerca de
sus nuevas órdenes, a lo que éstos se resisten;
no creen que deban hacerlo pues opinan que todo es una
trampa de sus hermanos. Inclusive sus hermanos deben haber
convencido al emperador padre de que ella está
escondiendo la piedra deliberadamente y deberían
volver a la capital para hacerse cargo de todo el ejército,
que de seguro se unirá a ella. Pero Kushana es
más lista y prepara algo; no duda de la lealtad
de sus hombres pero tampoco quiere caer en las garras
de sus hermanos, por lo que decide seguir las órdenes
e ir a la guerra contra los Dorok. Pide también
que todas las tribus de la periferia que deben participar
se presenten en el punto de reunión establecido
al día siguiente al mediodía. |
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el Masaka Nro 39-40
Sugoi Nro 15
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