NO A SOPA NO A PIPA
Sangre, sudor y lagrimas
La caída del Battousai
El funeral de Kaoru fue realizado en medio del dolor de todos los que la conocían pero entre ellos no estaba Kenshin. Luego de esa horrible noche, desapareció y nadie daba cuenta de su paradero. Luego de algunas averiguaciones, todos descubren sorprendidos que Kenshin se ha refugiado en el Rakunin Mura o “Aldea de los desposeídos”, un lugar sucio en donde se refugia lo más bajo de la ciudad. Cuando Sano y los demás van a verlo, ven a un Kenshin acabado y mudo, con su Sakabatou a modo de extraño bastón, y con la empuñadura encadenada, indicando su intención de no desenvainarla nunca más. Ni los gritos ni golpes de Sanosuke lo sacan de su estado de depresión y finalmente lo dejan. Pocos días después, el mismo Sanosuke partiría de la ciudad. Pocos días después, cuando Yahiko caminaba por el puente en donde se encontró por primera vez con Kenshin y Kaoru se cruza con Misao y Aoshi, quienes traían para Kaoru el diario de Tomoe (el cual esperaban que explicase a Enishi los sentimientos de su hermana). Por supuesto, Misao recibe muy mal la noticia, sin embargo, su naturaleza la hace seguir adelante y le dice a Yahiko que tiene una misión como el discípulo de Kaoru y es la de mostrar el diario a Enishi y hacerlo comprender y arrepentirse de sus acciones. Sin embargo, el ambiente está basante oscuro. Con la muerte de Kaoru, Sanosuke saliendo de la ciudad, Yahiko siente que ese sí podría ser el fin de todo, especialmente con Kenshin en el estado en que está. El único que parece mantener la mente fría es Aoshi, quien le pide a Megumi le explique detalladamente toda la secuencia de acontecimientos. Por su lado, Yahiko y Misao han ido al Rakunin Mura para tratar de sacar a Kenshin pero sin mucho éxito. Es más, los otros desposeídos no ven con buenos ojos la llegada de más extraños y los atacan, y solo la intervención de quien llaman “Oibore” (algo así como “viejo loco”) evita mayores problemas. Luego de deprimirse aún más al ver a Kenshin en ese estado, ambos abandonan el lugar, dejando al viejo junto a Kenshin. El viejo le hace notar a Kenshin que el tener tantas visitas es un indicativo que todavía no es tiempo para que alguien como él esté en ese lugar. Cuando los muchachos regresan al doujo se encuentran a una furiosa Megumi, quien no quiere aceptar lo que Aoshi le dice. Éste no está satisfecho y sospecha una jugada por lo bajo, así que que ha decidido, contra todos los deseos de Megumi, de ir al cementerio y exhumar el cadáver de Kaoru. Aunque todos protestan, Aoshi impone su pensamiento más analítico y como punto fuerte les muestra el Iwambo que Sanosuke se trajo como trofeo y descubren con horror que se está pudriendo, al contener partes humanas, entre huesos y músculos. Megumi se resiste a aceptarlo pues ella misma certificó el cadáver, el cual sangraba e incluso iba perdiendo su temperatura corporal. Sin embargo, Aoshi responde afirmando que es muy posible que la cercanía con Kaoru la haya hecho perder su calma profesional, y además, el conoce ciertas artes secretas que usaban cuerpos humanos para hacer dobles prácticamente indistinguibles de los humanos, salvo inspección conciencuda. Aoshi sospecha que dichas artes podrían ser capaces de hacer el cambio y por eso insiste en la exhumación. A pesar de todas las objeciones, esa noche, la tumba de Kaoru es excavada, dejando ver a Kaoru, todavía sin descomponer, casi como si estuviera dormida. Megumi insiste en que no puede ser pero Aoshi le explica que no puede ser hecho por un examen externo y que debe abrirla. Megumi quiere detenerlo, pero Yahiko, la detiene, apostando por esa casi imposible posibilidad. Para espanto de Megumi, al abrir el brazo de Kaoru un complicado meca­nismo de alambres y sogas se mostrado, lo que confirma a todos que Kaoru está viva en algún lugar.
   
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