| Sangre,
sudor y lagrimas |
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La lucha de verdad de
Yahiko
De pronto, en la cárcel el infierno se suelta.
Un demente Kujiranami destroza los barrotes de su celda
y logra llegar hasta la armería, en donde encuentra
una de las armas de repuesto que había traído
para su ataque contra el doujo Kamiya y rápidamente
se la adosa y comienza una masacre en la ciudad, gritando
salvajemente por el Battousai. La policía corre
rápidamente por la ciudad, alertando a la gente
y Yahiko se da cuenta de lo sucedido. Intercepta a un
cadete y le pide explicaciones (luego de una patada allí,
en donde duele) quien le confirma sus temores y que Saiotu
no se encuentra disponible, por lo que Yahiko sale a enfrentarse
al gigante. Aunque es un niño, Yahiko rápidamente
comprende la ventaja estratégica del lugar y visualiza
una estrategia que comunica a los demás. Aunque
los policías mayores se sorprenden por ello, el
cadete, llamado Shinichi, tiene que aceptar que la emboscada
que ha pensado Yahiko es lo mejor. De pronto, ante ellos
se aparece la enloquecida y gigantesca figura de Kujiranami,
con sus lanzador de granadas activa y llamado a viva voz
al Battousai. La barrera de la policía no es rival
para las granadas de Kujiranami y Yahiko se da cuenta,
que aunque no tan poderoso como su cañón,
el lanza-granadas permite mayor cantidad de tiros. Esquivando
a duras penas pero impresionando a los policías,
Yahiko se acerca hacia el gigante, ordenándole
a Shinichi que vaya por el otro lado. La estrategia tiene
éxito y Shinichi puede aplicar un tremendo golpe
a la cabeza de Kujiranami, pero sin afectarlo para nada.
De pronto Yahiko ataca con su Shinai a la unión
del brazo con el lanzador, causándole gran dolor
al gigante, para admiración de todos los presentes.
Animados por el giro de eventos, los policías se
unen rápidamente al ataque. De pronto, para su
desgracia, se aparece un niño pequeño llorando
por su padre, y Kujiranami dirige su ataque contra él.
Yahiko no lo permite y corre hacia el niño, justo
cuando la granada hace impacto. La explosión es
oída a los lejos por Tsubame quien teme por Yahiko,
pero éste ha logrado salvar al niño, cumpliendo
una promesa que le hizo a Kenshin en el Rakunin Mura,
la de no permitir que nadie muera ante sus ojos. Yahiko
está bastante maltratado pero ha logrado proteger
al niño. Enloquecido, Kujiranami se dirige hacia
él como si fuera el Battousai pero Yahiko no se
mueve y ordena al niño que corra, sin volver atrás.
Cuando llega el momento, Yahiko se lanza al ataque, para
proteger la huída del niño, pero antes que
el monstruo dispare, todos los policías se lanzan
contra él, abrazándose de donde pueden,
dándole tiempo al niño de huir y para proteger
a Yahiko. Recuperando su balance, Kujiranami se deshace
de los policías y se enfrenta a Yahiko quien está
ahora a su alcance. Yahiko se planta frente a él
y lo reta, diciéndole que Kenshin está en
una importante lucha consigo mismo y que no puede ser
interrumpido por alguien como él. Lo reta y no
se inmuta ante la colosal figura que está frente
a él. Más lejos, Megumi y Misao que estaban
en el hospital de policía escuchan las noticias
de su hazaña y rápidamente salen corriendo
hacia el lugar. En el río Arakawa, Saitou y Aoshi
han dado cuenta de unos cincuenta guardaespaldas por su
cuenta y han descubierto la localización de la
isla secreta de Enishi, cuando el aviso del cuartel de
policía hace imperativo que Saitou vuelva a la
ciudad. En la ciudad, Yahiko sigue inmóvil frente
a Kujiranami. Su mente está enfocada y su resolución
tomada. Su deseo de proteger a los demás y su secreto
anhelo de alguna vez superar a Kenshin encienden su espíritu
de lucha, haciendo incluso que una hoja que cae cerca
de él se parta en dos antes de tocarlo, para gran
admiración de Shinichi, quien comprende que ha
sido testigo del Keikai, o espiritu guerrero que sólo
algunos grandes espadachines poseen. De pronto, Yahiko
se lanza al ataque y el gigante responde lanzando su arma
como si de un mazo se tratara. Yahiko adopta la postura
de la técnica máxima del Kamiya Kasshin
y recibe el impacto total de la furia del gigante. Los
policías ven con admiración cómo
no sólo Yahiko pudo soportar tal impacto sino que
tiene el suficiente impulso para lanzar una feroz estocada
por debajo del brazo, un punto vital según las
enseñanzas de Kenshin. Sin embargo, a pesar
del paralizante dolor, Kujiranami está encendido
por la furia y responda lanzando un feroz puñetazo
hacia abajo, aplastando a Yahiko contra el suelo. Tsubame
no ha podido aguantar. Desesperada, corre hacia quien
cree es el único que podría salvar a Yahiko,
Kenshin, pero se horroriza al llegar hasta él y
ver el estado a que se ha reducido. Los demás desposeídos
tratan de evitar que entre pero ella es terca y grita,
tratando hacer llegar su voz hasta Kenshin. En ese momento
Kenshin está atrapado en sus memorias, recordando
todos los hechos importantes de su vida, desde que inició
sus estudios del Hiten Mitsurugi Ryuu hasta el presente,
incluyendo cuando recibió su Sakabatou y los momentos
felices con sus amigos. De pronto, la voz de Tsubame comienza
a sacarlo de su ensimismamiento, la cual apresuradamente
le cuenta la situación en que se encuentra Yahiko.
Sin embargo, Kenshin aparentemente no reacciona ante sus
ruegos y el viejo loco pide a los demás que escolten
a la niña fuera del lugar. Luego se sienta a conversar
con Kenshin, comentándole que para estar ahí
no importa lo que hayas sido, pero que tienes que haber
abandonado todo pues de lo contrario, en algún
momento, te levantarías y dejarías ese lugar.
Kenshin insiste que todavía no ha encontrado su
respuesta, aquella que le permita redimirse por su vida
de asesino. Sin embargo el viejo le dice sabiamente que
aunque su corazón está débil por
tantas dudas, su mano sigue sujetando con firmeza su espada.
Le dice que no ha abandonado sus sentimientos y que hay
algo que quiere decirle a alguien. Kenshin lentamente
recupera su compostura y acepta que no puede dejar que
los que lo rodean sufran más, y que aunque no tiene
más que una espada, hará todo lo posible
por proteger su felicidad. En un rápido movimiento,
las cadenas que ataban la empuñadura de su espada
saltan y Kenshin está de vuelta. Cuando los demás
desposeídos vuelven, sólo encuentran al
viejo al lado de unos pocos eslabones rotos. El viejo
les comenta que llamarlo para vengarse no es su verdad,
pero un llamada por ayuda, no importa qué tan bajo
sea hecho, sí alcanzará su corazón.
El viejo se burla del otro desposeído al comentarle
que deben gustarle las niñas para haber dejado
que Tsubame entrase y a su vez el otro le contesta que
le parece mal que el viejo esté todavía
interesado en mujeres, comentando sobre el perfume que
trajo o un extraño sujetador de pelo (de mujer)
que el viejo utiliza para sujetar su cabello. Riéndose,
el viejo anuncia que partirá hacia Kyoto, pues
hace mucho tiempo que no visita la tumba de su hija. El
otro le dice que es muy amable, incluso con el samurai,
refiriéndose a Kenshin. El viejo contesta que lo
hizo pues es un caso especial, al haber sido quien estuvo
al lado de su hija cuando ella murió. En la ciudad,
a punta de pura fuerza de voluntad, Yahiko se ha levantado
de debajo de la mano de Kujiranami y echa su gran brazo
a un lado, ante la total incredulidad de todos los policías
y especialmente del joven Shinichi, quien no puede más
que llamar a Yahiko como joven, pues ni siquiera
sabe su nombre. Sin embargo, Yahiko está al límite
de sus fuerzas y no puede evitar un golpe de Kujiranami,
lo que le hace otra herida y luego es tomado por la cabeza
y levantado como un muñeco. Sin piedad, se prepara
para disparar su arma, a pesar de los ruegos de Shinichi,
quien ve un absoluto desperdicio que alguien tan valiente
como Yahiko muera sin la oportunidad de madurar y ser
una persona aún mejor. De pronto, como respondiendo
a sus ruegos, los nueve puntos vitales del gigante son
sacudidos por el poderoso Hiten Mitsurugi Ryuu Kuzu Ryuu
Zen de Kenshin, y ante los ojos de los que lo conocen
y los que no, se para la determinada figura de Kenshin
Himura. En ese momento llegan Misao con Megumi y de un
carruaje, Saitou con Aoshi. Hay lágrimas en los
ojos de muchos y Saiotu comenta que el Battousai ha regresado,
pero Aoshi lo corrige: No... es Kenshin. Finalmente,
la lucha que tanto ha deseado Kujiranami ha comenzado. |
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