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Saint Seiya Hades: El retorno de los muertos vivientes (2)
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Mientras tanto, en el castillo de
Hades, los derrotados Cáncer y Piscis ruegan
por una segunda oportunidad ante el poderoso espectro
Waiban Radamanto, pero éste no les perdona su
fracaso y los envía de nuevo al mundo de los
muertos, del cual nadie escapa dos veces. En el castillo
se encuentra Pandora tocando su arpa. Waiban se entrevista
con ella y solicita permiso para ir al Santuario, cosa
que ésta rehúsa. Al insistir, Pandora
le recuerda las órdenes de Hades, lo que corta
cualquier intento de réplica del espectro. En
su regreso se encuentra con Zeros Frog, un grotesco
espectro con armadura de sapo, quien le informa de la
salida de varios espectros para ayudar a los caballeros
dorados en su misión. Por supuesto, no pierde
oportunidad de hacerle notar a Radamanto que él
no puede salir del castillo.
En el Santuario, Mu llega finalmente a la casa de Tauro,
en donde descubre a su guardián muerto en su
pose de ataque, seguramente defendiéndose del
ataque de los otros caballeros. Mu alaba el valor del
guerrero, pero no puede perder tiempo. Sin embargo,
cuando pretende seguir adelante, una voz le informa
que los caballeros dorados traidores no son los únicos
espectros enviados. Para demostrárselo, destruye
el cuerpo y la armadura de Aldebarán, y desde
dentro aparece Deep Niobe, quien le había hablado.
Confiado, Niobe lanza su Deep Fragance contra Mu y le
asegura que su aroma, el cual afecta tanto a la piel
como a la respiración, lo llevará a las
profundidades de la muerte. Para su infortunio, Mu había
tenido la precaución de levantar su barrera defensiva
antes de iniciar la batalla. Mu hace explotar su pared
de cristal, echa a un lado a Niobe y aprovecha para
seguir su camino. Niobe pretende seguirlo, pero se detiene
ante la sorprendente declaración de Mu de que
no peleará con alguien que ya está muerto.
Como para comprobarlo, su cuerpo comienza a despedazarse,
producto del último ataque de Aldebarán,
quien se le aparece como espíritu a su enemigo.
En la casa de Géminis, Saga, Shura y Camus se
encuentran cara a cara con la armadura dorada de Géminis,
que les evita el paso. Saga se da cuenta de inmediato
de que se trata de su hermano Canon, aquel que lo llevó
hacia la maldad. Saga decide encargarse de él
y ordena a Shura y a Camus continuar su camino, lo cual
hacen sin ninguna reacción por parte de la armadura
dorada. Saga se sorprende al ver a Canon usando su antigua
armadura y defendiendo la casa de Géminis, y
más aún al ver que Atena le haya permitido
hacerlo. Canon asegura que Atena lo salvó del
mar luego de la derrota de Poseidón y que dicha
acción lavó el resto de maldad de su corazón.
Es más, le asegura a Saga que no se preocupó
por los otros caballeros dorados, pues gracias a su
poder la casa de Géminis ahora es un laberinto
del cual no podrán salir. Saga comprende que
eso es posible por el poder de Canon y que su muerte
lo eliminará, así que lanza un ataque
a la cabeza de la armadura, pero ve con sorpresa que
no hay nadie en su interior, cosa que comprueba luego
de despededazar el resto con sucesivos ataques. Finalmente,
comprende que Canon debe estar controlándolo
a distancia y lo detecta en el cuarto del Patriarca,
adonde lanza su ataque. La ofensiva interrumpe la concentración
de Canon y deshace la ilusión de la casa de Géminis,
lo que permite a los tres caballeros dorados salir con
éxito. Saga no puede evitar las lágrimas
al comprender que ahora es su hermano quien defiende
esa casa en su lugar.
En la casa del Patriarca, Milo de Escorpión está
preocupado porque ha sentido un cosmo en el cuarto con
Atena y quiere saber de quién es. Atena le dice
que dicha persona ha venido a ayudar y no es enemiga.
Luego sienten el ataque de Saga y corren al otro cuarto,
en donde ven un espectacular agujero y a su lado a un
derrotado Canon, quien se lamenta por haber fallado
en su misión. Milo no está muy contento
con su presencia, pues a pesar del perdón de
Atena, asegura que ningún caballero dorado confiará
en él. Le ordena retirarse, pero Canon se niega
e insiste en que ayudará a Atena. Milo le aplica
su mortal ataque de la aguja escarlata, pero Canon sigue
resistiéndose. Sucesivos ataques llevan a Canon
al borde la muerte y Milo no se detiene ni ante los
ruegos de Atena. Milo se prepara para su último
ataque, y pronto Canon está a punto de perder
la vida, pero ni así logra hacerlo retirarse.
Milo le aplica entonces el golpe que contrarresta sus
mortales hemorragias y simplemente se da la vuelta y
se alista para enfrentarse a los espectros que están
en camino. Canon le pregunta cómo puede dejar
sola a Atena con un guerrero indigno y peligroso como
él, pero le responde que ya no existe el guerrero
indigno, sino un caballero dorado como él. Canon,
con lágrimas en los ojos, le agradece de corazón.
Atena le confirma que Milo lo estaba probando y que
al final encontró un corazón puro, por
lo que le perdonó la vida. Es claro que Milo,
por su parte, no fue tan romántico. Está
seguro de que todos morirán en su batalla contra
Hades en las próximas horas, así que sólo
le ha dado a Canon unas cuantas horas extra de vida.
Shura, Camus y Saga llegan a la casa de Cáncer,
la cual obviamente no tiene guardián, pero les
espera una sorpresa. Una vívida ilusión
de la puerta al infierno los espera y para colmo los
atacan una serie de cadáveres. Han sentido la
desaparición del cosmo de Aldebarán, así
que suponen que uno de los espectros lo ha matado y
deciden atacar, pero Saga insiste en continuar hacia
Atena. Con su Explosión de Galaxias deshace la
ilusión y continúan adelante. Una luz
les hace creer que han llegado a la salida, pero de
pronto se encuentran en las palmas de un buda y se dan
cuenta de que quien los ataca es Shaka de Virgo. Shura
acaba con la ilusión y sugiere salir de ahí,
pero Saga sabe que no podrán hacerlo hasta que
acaben con Shaka. Dirige su ataque a la misma casa de
Virgo, pero no logra doblegar la barrera defensiva de
Shaka. Shaka procede entonces a lanzar su propio ataque,
lo que deja a la casa de Cáncer prácticamente
en ruinas y sin señales de los caballeros dorados.
Mu llega poco después y se horroriza al ver el
grado de destrucción, y más aún
al no encontrar rastros de los cuerpos, incrédulo
de que se hayan vaporizado así como así.
De vuelta en la casa de Aries, Shion es testigo del
poderoso despliegue de energías que borra los
cosmos de Saga y los demás, lo que lo deja como
el único capaz de cumplir con la misión.
Dohko no está de acuerdo y se prepara para combatir
cuando de pronto se aparece Shiryu y solicita ser el
contrincante de Shion. Por supuesto, no conoce a Shion,
pero no le importa, pues está atacando a su maestro.
Dohko le explica a Shiryu las órdenes de Atena
de evitar que los jóvenes caballeros de bronce
luchen más, dado que ya han ganado el derecho
de vivir en paz. Si luchan en esta nueva Guerra Santa,
de seguro todos los caballeros morirán. Esto
le hace ver a Shiryu que la paz no es posible y que
de todos modos deben pelear. Incluso no se deja convencer
por las palabras del viejo maestro, quien le habla de
Shunrei y le dice que si él muere, la dejará
sola.
Cansado de tanta discusión, Shion procede a atacarlos,
deseoso de enterrar tanto al maestro como al discípulo,
lo que altera visiblemente a Shiryu. Dohko le explica
a Shiryu quién es Shion y le dice que fue el maestro
de Mu. La verdadera batalla da comienzo, y al principio
los cosmos parecen equilibrados, pero poco a poco se hace
notoria la diferencia en vitalidad hasta que Dohko es
lanzado a un lado, y sobrevive a duras penas. Dohko contraataca
con sus disparos de los cien dragones, y ni la pared de
cristal de Shion puede detener semejante ataque. Sin embargo,
para desazón de Dohko y Shiryu, Shion absorbe el
castigo y elimina el daño sufrido. Lanza su Polvo
de Estrellas contra Dohko, quien lo recibe de lleno. Shiryu
llama a su armadura y se prepara para defender a su maestro.
Sin embargo, su Dragón Ascendiente es detenido
con una sola mano. Pero ni esta demostración de
superioridad logra disuadir a Shiryu de seguir peleando,
a pesar de estar ciego y con su armadura llena de fisuras.
Dohko quiere detenerlo, pero Shiryu insiste en seguir
luchando por la justicia, tal como le enseñó
su maestro. Finalmente, Dohko no puede seguir negándose
a que Shiryu pelee. |
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