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Saint Seiya Hades: El retorno de los muertos vivientes (4)
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En eso, Shiryu llega hasta la casa
de Leo y se da cuenta de la situación. Más
aún, Aioria está inquieto por la presencia
de cosmos extraños entre los espectros. Esta
misma sensación es compartida por Giganto, quien
reclama que hay enemigos entre ellos. Identifica a un
tal Kiev y le ordena que abra su casco, pero de pronto
una columna de luz proveniente de la casa de Virgo los
distrae. Cuando llegan allí, descubren que Shaka
sigue vivo, pero con una barrera que lo había
ocultado y protegido de todo ataque de los espectros.
Les muestra un rosario con 108 cuentas que representan
a los 108 maseis. Doce de ellas ya han cambiado de color,
lo que indica que dichas personas están muertas,
para total asombro de los espectros. Shaka lanza su
ataque, pero los espíritus que envía son
disipados por un poderoso cosmo.
Todos se sorprenden al ver a Kiev, quien reta a Shaka.
Junto con otros dos espectros se lanza contra él,
y Shaka se da cuenta de quiénes son. El poderoso
ataque de los tres espectros golpea contra la barrera
de Shaka y luego se disipa. Los otros espectros quedan
asombrados al ver que de una pequeña herida rezuma
sangre en la cabeza de Shaka y no se imaginan de dónde
pueden haber obtenido tal poder Kiev y sus compañeros.
De pronto Shaka les dice que ésos no son espectros,
sino caballeros dorados que se han entregado al mal.
Con su poder destruye los sobrepellices que tienen y
revelan a Saga, Camus y Shura, para sorpresa de los
demás espectros. En la casa de Leo, Aioria está
abrumado, pues ahora sabe con certeza que si Shaka ha
permitido que esos tres llegaran hasta su casa, es porque
desea morir.
En la casa de Virgo, los espectros están seguros
de que Saga y los demás los han traicionado,
pero éste los paraliza con su cosmo y les ordena
retirarse si quieren vivir. Les asegura que continuarán
con su misión de obtener la cabeza de Atena.
Para sorpresa general, Shaka les deja pasar, pues considera
que no podrán luchar contra los tres caballeros
dorados más poderosos al mismo tiempo. Burlándose,
los demás espectros pretenden pasar, pero Shaka
los destruye. Antes de morir, Giganto le dice que no
importa, pues Hades los premiará con vida eterna.
Shaka le responde que en todas sus conversaciones con
Buda nunca ha oído que un humano consiga vida
eterna. Giganto muere dudando de la promesa de Hades.
Después de muertos los demás espectros,
Shaka le pregunta a Saga sus verdaderas intenciones,
pero al obtener la misma respuesta se da cuenta de que
no puede evitar la batalla. Les ordena seguirlo a un
lugar de muerte, pues no desea manchar su casa con su
sangre. Los lleva al jardín secreto que está
detrás de su templo y que contiene los sagrados
árboles gemelos, en donde se dice deberá
estar Shaka al momento de morir.
En dicho lugar da inicio la batalla, y pronto es obvio
que Shaka no podrá contra los tres caballeros
dorados. Entonces aplica su técnica secreta del
Tebuhorin, la cual atrapa a sus enemigos en un movimiento
de ataque y defensa a la vez. Les dice que la única
forma de salir vivos es usar la prohibida técnica
Atena Exclamation, a lo que se niegan. Para
forzarlos, cada ataque les va quitando un sentido hasta
que se ven obligados a ejecutar la prohibida técnica.
Cuando se aclara la terrible explosión, Saga
y los demás quedan sorprendidos al ver el cuerpo
intacto de Shaka, pero pronto se dan cuenta de que sólo
está animado por su espíritu. Se dirige
a los sagrados árboles gemelos que se encuentran
en el jardín y se coloca en posición de
meditación. Escribe sobre unos pétalos
y los envía hacia Atena, y finalmente su cuerpo
se disuelve. Saga y los demás lloran su muerte
y le aseguran que no han traicionado a Atena, pero callan
al reparar en una de las mariposas de Papillón.
Toman el rosario de Shaka y se retiran del jardín.
En el exterior, los esperan Mu, Aioria y Shiryu. Harto
de la situación y al margen de las recomendaciones
de Mu, Aioria ataca sucesivamente a los caballeros dorados.
Saga detiene sus ataques y comenta que como sólo
les quedan cuatro horas, deberán matar a cualquiera
que se les interponga. De pronto, Milo se aparece ante
ellos y asegura lo mismo. Ataca a los caballeros dorados
con su aguja escarlata, pero sin darles la clásica
oportunidad de morir o rendirse. No obstante, Saga reacciona
lanzando su Explosión de Galaxias, ataque que
Milo logra evitar casi en su totalidad gracias a la
advertencia de Mu. Saga aparece ante ellos sin heridas
y listo para continuar. Es más, junto con los
otros caballeros dorados forman la pose de la trinidad,
listos para volver a usar la Atena Exclamation.
Mientras tanto, Atena recibe los pétalos con
el último mensaje de Shaka y se entera de su
muerte. Escrito en caracteres kanji se lee Arayashiki,
es decir, conciencia de Alaya, lo que le
indica lo que tiene que hacer.
Saga y los demás, habiendo ya cometido el crimen
de usar la Atena Exclamation con anterioridad, no tienen
ningún remordimiento de volver a hacerlo. Sin
embargo, como sus rivales también son caballeros
dorados, se preparan para repeler el ataque con la misma
técnica. Si lo hacen todo se destruirá,
pero nadie acepta la idea de negociación de Mu.
Los dos poderosos disparos colisionan en el medio y
ambos grupos tratan de enviar el poder combinado hacia
el otro bando. Sin embargo, la intervención de
Shiryu comienza a darle la ventaja a sus amigos. Finalmente,
el Dragón Ascendiente destruye parte del templo,
y éste entierra a varios contrincantes e interrumpe
la destrucción. Entre los escombros aparecen
los caballeros dorados, pero Milo está furioso
pues no encuentra a Shiryu, mientras Saga y los demás
han sobrevivido. Pretende acabar con Saga, pero el ruego
de Atena lo detiene.
Atena les ordena no atacarlos y, por el contrario, llevarlos
ante ella en la estatua de Atena. Milo no quiere hacerlo
por el peligro involucrado, pero no tiene otra alternativa
más que obedecer. Mientras tanto, Hyoga y Shun
han llegado al Santuario y descubren la ausencia de
Mu en su casa. Notan además que la batalla ha
comenzado hace ocho horas, gracias a los fuegos en el
reloj de las doce casas, y se apuran para llegar donde
Atena. Al mismo tiempo, Seiya despierta y se sorprende
al encontrarse en Starhill, lugar de meditación
reservado sólo para el Patriarca. Nota los pocos
fuegos activos y siente un mal presentimiento sobre
Atena.
Ante la estatua de Atena, los débiles caballeros
dorados enemigos se encuentran cara a cara con su víctima.
Ésta le entrega a Saga la daga ceremonial que trató
de usar contra ella hace tanto tiempo. Había estado
oculta debajo del trono del patriarca y Atena le había
pedido a Canon que se la trajera. Saga no está
seguro de la razón por la que ella se la entrega,
pero Atena lo tranquiliza diciéndole que, después
de todo, fue ésa la razón por la que llegaron
hasta ahí. De pronto, por su propia mano, Atena
se corta el cuello y acaba con su vida. Todos los caballeros
dorados quedan abrumados y, desde Starhill, Seiya grita
su tremendo dolor... ¡Saori está muerta!. |
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