NO A SOPA NO A PIPA

Saint Seiya Hades: Un paso al más alla (2)

Pandora, junto con Zeros Frog, se encuentra frente a Saga, Camus y Shura. La misión ha sido cumplida antes de las doce horas y ahora están satisfechos. Pandora quiere que le muestren la cabeza de Atena, pero Saga primero quiere aclarar el asunto de la vida que Hades les prometió. Pandora les explica que Hades no miente, por lo que ahora Saga insiste en mostrarle el cuerpo al mismo Hades. Pandora les dice que no pueden estar frente a un dios, pero si le muestran el cuerpo a ella será igual. Le ordena a Zeros Frog que muestre el contenido del sudario que ellos han traído, pero, para sorpresa de todos, está vacío, y sólo empapado en sangre. Pandora no considera eso como prueba suficiente, pero Saga le dice que ella podría haber desaparecido en el camino hacia el castillo y le pregunta, en tono burlón, si es que ella no se adelantó al mundo de los muertos. Zeros Frog no acepta eso y ataca, pero es lanzado a un lado por Camus. De pronto, Shura aparece detrás de Pandora. Siendo la mano de Shura la legendaria Excalibur, moverse aunque sea un poco haría que su cabeza caiga de inmediato. Saga le ordena que los lleve ante Hades, y frente la pregunta de Pandora, le dicen que lo que quieren es su cabeza. Pandora comprende entonces que todo había sido una traición de parte de ellos.
Sin embargo, Saga y los demás han olvidado algo muy importante. Súbitamente, la luz entra por una gran claraboya y ellos caen al suelo, imposibilitados de moverse y con grandes dolores. Las doce horas de vida que Hades les había dado ya han terminado. Pero les promete que sus vidas se extenderán unos minutos más si es que le dicen la razón de la desaparición del cuerpo de Atena, a lo que Saga contesta que ella ya está en el país de los muertos, pues ella es una diosa y diferente de los humanos. Pandora se da cuenta de que Atena irá a enfrentarse a Hades, y llama a un mensajero para que comunique a todos los espectros que abandonen el castillo y vuelvan al lado de Hades para protegerlo. Luego abandona a los agonizantes santos dorados, y se dirige a una puerta que comunica a un gigantesco hoyo con una escalera de caracol que baja hasta el reino de los muertos.
Fuera de la torre, Aioria, Mu y Milo están siendo vapuleados por Radamanto. Ellos ignoraban que el castillo está protegido por la voluntad de Hades y cualquiera que entre en él perderá gran parte de su fuerza, la cual está ahora a una simple décima parte de lo normal. Por supuesto, Radamanto se jacta de que, aun con toda su fuerza no serían rival para él, y que habría podido encargarse de todo el ejército de Atena si hubiera atacado el Santuario. Aioria comprueba dicha aseveración cuando su ataque no logra ningún efecto sobre el poderoso juez del infierno. Finalmente, los tres santos dorados son lanzados a un profundo agujero que los llevará al país de los muertos, en donde, aunque con vida, sufrirán por toda la eternidad.
En el interior del castillo, el rastrero Zeros está pateando al indefenso Camus por el atrevimiento de haberlo atacado. Radamanto entra y le dice que deje de hacerlo ya que no tienen tiempo, pues Pandora ha ordenado la evacuación, y todos los espectros ya deben estar en el infierno. A Zeros no le interesa eso, ya que sólo quiere satisfacer su orgullo golpeando a Camus por la afrenta. De pronto, Radamanto detecta la llegada de otros cuatro cosmos, y del tragaluz aparecen Seiya y sus amigos. Zeros lo siente en carne propia, pues sirve de tarima de aterrizaje a Seiya. En venganza, comienza a golpear más a Camus, pero eso irrita a Hyoga quien rápidamente echa a un lado al sapo. De pronto, el tiempo de los santos dorados termina y comienzan a morir. Hyoga trata de llegar con su maestro, pero es tarde y pronto se convierte en polvo. Shiryu trata de hacer lo mismo con Shura, pero éste sólo tiene tiempo para pedirle nuevamente que proteja a Atena. Finalmente, Saga muere junto a Seiya.
Radamanto no tiene interés en ellos y se dispone a evacuar el castillo. El sapo está indignado, pues dejan que lo golpeen y no los castigan con la muerte. Decide encargarse de los cuatro santos por sí mismo, pero pronto descubre que no podrá. Le pregunta a Hyoga quién era Camus para él, a lo que éste contesta que fue su maestro. Zeros pronto comprende que recibirá un ataque congelante más y pide ayuda a Radamanto, pero éste ya se ha retirado. El sapo concentra todo su poder, pero un Aurora Execution de Hyoga termina con su enemigo.
Acto seguido, Seiya pretende atacar a Radamanto, pero Shiryu lo detiene al percibir su tremendo cosmo. Radamanto está confiado, especialmente luego de decirles cómo logró lanzar a los otros santos dorados en el agujero hacia el infierno. Sin embargo, también nota cómo estos santos de bronce pueden seguir moviéndose e incluso tuvieron el poder para matar a Zeros. De pronto, comprende que deben estar bajo la protección de la sangre de un dios, única forma de superar la voluntad de Hades en el castillo. Sin importarle nada, Seiya se lanza contra Radamanto para obligarlo a que los lleve al mundo de Hades, sin que ninguno de sus ataques tengan algún efecto. Luego, una esfera de energía golpea a Seiya y pronto se da cuenta de la llegada de otro espectro quien se identifica como Valentine. Es más, no está solo. Son las tropas de Radamanto, que no se habían retirado hasta la llegada de su líder al mundo de Hades.
Seiya pretende continuar con su ataque, pero Valentine lo detiene con facilidad y le dice que, siendo Radamanto uno de los tres jueces del infierno, es notable que alguien tan bajo pretenda luchar contra él. Los demás santos de bronce también sienten en carne propia el poder de los otros guerreros de Radamanto, quien sigue preocupado por el poder que emanan estos jóvenes santos, guerreros que luego podrían convertirse en un mayor problema. Sin embargo, la destrucción del castillo ha comenzado y deben terminar la batalla. Seiya insiste en pelear, pero Valentine le indica que la lucha deberá seguir en el mundo de Hades. Se presenta como Valentine la arpía, acompañado de Sylphid el Basilisco, Gordon el Minotauro y la reina Alraune; luego se lanzan por el agujero. Seiya insiste tercamente y se lanza sobre ellos, abrazándose a Valentine, quien se burla de él, pues lo que está haciendo equivale al suicidio.
Hyoga y los demás pretenden seguirlos pero son detenidos por Dohko. Éste les explica que sólo los espectros pueden moverse entre los dos mundos sin problemas, ya que están protegidos por la voluntad de Hades. Para los demás humanos esto significa la muerte, por lo que Seiya ya debe estar muerto. No obstante, Dohko también sabe que Seiya podría estar vivo si es que tuvo éxito en despertar el Araya Shiki. Continúa su explicación hablando de las características de Hades, quien vigilará hasta dominar la superficie, antes de emerger él mismo, por lo que la única oportunidad radica en ir hacia él y vencerlo. Sin embargo, entrar al país de los muertos, bajo el dominio tradicional de Hades, implica estar muerto, y por ende bajo su control. Así, la única forma de vencerlo es llegar allí con vida. Para ello es necesario despertar el Araya Shiki o el octavo sentido, el sentido que los humanos normalmente alcanzan al momento de la muerte. El problema reside en que este octavo sentido está en un nivel muy profundo del cosmo, mucho más allá del séptimo sentido, y la gran mayoría de humanos muere sin saber que lo tienen. Les explica que Shaka es conocido como "el hombre más parecido a un dios" pues ha podido despertar su octavo sentido y sospecha que Atena ha hecho lo mismo, para poder ir viva y enfrentarse a Hades, lo que explicaría las últimas palabras de Shion.
Shiryu y los demás saben que deben cumplir con su misión, la de entregar la armadura sagrada a Atena y protegerla de los espectros, quienes ya deben haber iniciado su ataque contra ella. Dohko les dice que, por estar protegidos con la sangre de Atena, es posible que eso les permita llegar al octavo sentido. Sin vacilar, se lanzan hacia el agujero que los llevará hacia el mundo de Hades, confiados en que despertarán su octavo sentido y seguros de que Seiya ya lo logró. Apenas entran al agujero, el castillo colapsa.
   
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