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Han pasado cien años desde
la última aventura de Goku y sus amigos. Pan
es ya una anciana, pero no ha olvidado ni un detalle
de la búsqueda de las esferas del dragón
en el espacio. Tampoco ha olvidado la importancia del
entrenamiento constante, y con bastante paciencia trata
de inculcar a su nieto el amor al ejercicio, pero con
tristes resultados. El pequeño Son Goku es idéntico
a su ancestro, pero parece algo torpe e inseguro. Él,
por su parte, no prestaba atención a los cuentos
de la abuela. Que Goku esto, que los saiyas lo otro,
que los dragones por aquí y las esferas por allá.
Otras cosas ocupaban la mente del pequeño Son
Goku, como, por ejemplo, terminar el último cartucho
de video juego que se había comprado.
Pero cuando Pan se desmaya de cólera al escuchar
una vez más de la pasividad con que Son Goku
acepta el abuso de sus compañeros, la situación
da un giro dramático. En el hospital, todo parece
indicar que el fin está cerca para su abuela,
y Son Goku, presa de la desesperación, decide
que su única esperanza está en encontrar
la famosa esfera del dragón y pedirle un deseo.
Por suerte, sabía a dónde ir a buscarla...
Más o menos.
En lo alto de la montaña Paozu, estaba la casa
de su ancestro Goku, con cuyo nombre lo habían
bautizado, y allí debía estar la poderosa
esfera del dragón. Mas el camino era largo y
Son Goku no era precisamente el más valiente
y despierto de su clase. Hasta en el colegio se burlaban
y abusaban de él. Sin embargo, esta vez no había
tiempo para sentir miedo: la vida de su abuela estaba
en juego y Son Goku estaba dispuesto a todo para encontrar
la esfera del dragón, aunque para eso tuviera
que enfrentarse a los monstruos más poderosos.
Y por cierto que en la montaña encontrará
bastantes; no obstante, antes aprenderá a diferenciar
a los verdaderos amigos de los tipos amables, pero que
sólo tratan de aprovecharse de él. Así
descubrirá que en el fondo de sí mismo
guarda la esencia de los saiyas, y con ella el enorme
poder que necesita para defender a sus amigos.
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