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Sobre la vasta soledad de un desierto,
un solitario planeador se eleva en el viento. Montada
en él, una jovencita de nombre Nausicaä
explora el territorio. La suerte la acompaña,
pues luego encuentra, en un extraño bosque, una
gigantesca mole que es el caparacho vacío que
ha dejado un ohmu. Rápidamente se acerca, y con
mucho cuidado se las ingenia para retirar una de las
hermosas cúpulas cristalinas que protegían
los ojos del ohmu. Cargando con la cúpula, sale
nuevamente a la superficie a tiempo de escuchar las
detonaciones de un rifle de insectos. Es otro explorador,
y pide ayuda. Sin dudarlo, Nausicaä dispara su
propio rifle para que el viajero pueda orientarse y
pocos segundos después lo vemos salir a toda
prisa del bosque, a lomo de dos gigantescas aves corredoras.
Tras él surge el Ohmu, en atronadora y furiosa
carrera. La única forma de detenerlo es distrayéndolo
con unas granadas de destellos, que Nausicaä se
las arregla para dejar caer a su paso. El viajero resulta
ser Yupa, un viejo amigo de Nausicaä, que había
estado en un viaje de exploración. Con él
trae un pequeño animalito, una ardilla zorro,
que la joven decide conservar como mascota. Luego se
dirigen al hogar de Nausicaä en el Valle del Viento.
Allí, todos reciben con alegría a Yupa
y también se complacen del hallazgo del caparacho
de ohmu, que los artesanos del lugar podrán usar
como materia prima. Esa noche, en la tertulia, mientras
se discutía la preocupación de Yupa por
el avance de la selva tóxica, se narra una vieja
leyenda: "un día vendrá un príncipe
en ropas azules, caminando en un campo dorado, a acabar
con la selva tóxica y a limpiar el mundo".
Poco después, en una noche de tormenta, una gigantesca
nave de carga torumekiana, bajo el ataque de un enjambre
de insectos, cae dentro del valle. Nausicaä se
acerca rápidamente en su planeador y encuentra
agonizando a Rastel, una joven que había estado
cautiva en la nave. Con su último aliento, ésta
le indica que la carga debe ser destruida. Bajo la amenaza
de ser contaminados con las esporas de la selva tóxica,
todo el terreno cercano al siniestro es quemado. Pero
una extraña mole, aparentemente con vida, no
es afectada. Al día siguiente, una flota de naves
torumekianas irrumpe en el Valle del Viento, y sus tropas
descienden para tomar la ciudad a sangre y fuego. El
padre de Nausicaä, aunque enfermo en su lecho,
es ejecutado sin piedad. Nausicaä da muerte a los
asesinos antes de que Yupa pueda pararla y la comandante
Kushana dé orden de detener la matanza. Torumekia
ha enviado sus fuerzas con el objetivo de recuperar
la misteriosa carga perdida, pero como es imposible
de transportar, Kushana decide establecerse en el valle
e incubar allí mismo a un gigantesco ser llamado
el soldado divino. Este ser es uno de los que, según
la vieja historia, asolaron la Tierra en los siete días
de fuego. Con el fin de fortalecer la ocupación,
Kushana se dirige a Pejite para reunir más tropas
y deja al mando al ladino Kurotowa. Como despojo de
guerra, confiscan un avión caza y toman de rehén
a Nausicaä (y a algunos fieles súbditos),
a quienes suben en los cargueros. Camino a Pejite, sin
embargo, son atacados por un valeroso e increíblemente
hábil piloto de combate, que en pocos minutos
logra hacer pedazos la flota. Sólo es derribado
cuando, en un fugaz acercamiento, ve a Nausicaä
en una de las ventanas y vacila. Pero la nave está
en llamas y pierde altura. A toda prisa, corren a las
bodegas, donde liberan el avión caza, y cuando
logran montar en él, son alcanzados por Kushana.
Para su sorpresa, es invitada a salvarse junto con ellos.
Pese a sus esfuerzos, el caza no puede evitar descender
hasta la selva tóxica y cae en un exótico
pantano. Una vez a salvo, Kushana trata de tomar el
control de la situación, pero la aparición
de un enjambre de ohmus permite a los "rehenes"
dominarla. Como los insectos aún se encuentran
agitados, Nausicaä saca el planeador de su compartimento
en el caza y sale a investigar. Mientras el caza regresa
al Valle del Viento con Kushana, los habitantes empiezan
una rebelión contra las fuerzas de ocupación.
El guerrero divino comienza entonces a dar señales
de vida. En un rincón de la selva, Asbel, el
piloto de Pejite, se defiende de los insectos, pero
debe ser salvado por Nausicaä en el último
instante. A bordo del planeador, escapan a duras penas
de los furiosos insectos, pero caen en una poza de arenas
movedizas y desaparecen en ella. De esta manera, logran
atravesar la selva tóxica y llegar a un nivel
subterráneo donde el aire no está contaminado.
Descubren además que la "selva tóxica"
en realidad está purificando el terreno de la
contaminación dejada por las guerras de la humanidad.
Tras recuperar el planeador, los dos jóvenes
parten hacia Pejite, pero la encuentran en ruinas bajo
el ataque de una estampida de ohmus enloquecidos. De
regreso hacia el Valle del Viento, dan alcance a un
bergantín de Pejite. Allí se enteran de
que las últimas fuerzas del caído reino
se han empeñado en impedir que Torumekia controle
al soldado divino. Para eso no han encontrado mejor
medio que provocar a los ohmus a que atropellen en estampida
a sus enemigos, aunque con ello se destruya todo lo
que quede en medio. Nausicaä se escandaliza de
que manipulen así a la naturaleza y se ponga
en peligro el valle, pero es sometida por los soldados
de Pejite y nuevamente tomada como prisionera. A bordo
del bergantín, Nausicaä es aislada en una
celda, pero la madre de Rastel la ayuda a escapar y
le entrega las ropas de su hija para que pueda engañar
a los guardias. La única esperanza para los habitantes
del Valle del Viento es que Nausicaä vuele a advertirles.
Por desgracia, una corbeta torumekiana hace su aparición
y de inmediato los ataca. Incapaces de huir de la ligera
nave de guerra, son abordados por los soldados torumekianos
con órdenes de aniquilar a todos a bordo. Nausicaä
logra en el último momento salir volando con
el planeador, y para su fortuna llega el caza del valle
que venía en su búsqueda. Yupa se introduce
entonces en el bergantín para evitar la masacre,
y el caza da media vuelta para tratar de detener la
estampida. En el Valle del Viento, la revuelta da oportunidad
a los habitantes para refugiarse en los restos de una
vieja nave espacial estrellada. En la confusión,
Kushana se reúne con sus tropas. Mientras, el
caza localiza una navecilla voladora que arrastra una
cría de ohmu, capturada con el fin de exaltar
a todo el rebaño. Nausicaä ordena a los
tripulantes que vuelen a prevenir a la gente del valle,
mientras ella trata de salvar al ohmu. Bajo las ráfagas
de ametralladora, Nausicaä se lanza al abordaje
de la navecilla de Pejite y logra derribarla. El pequeño
ohmu está muy malherido, pues lo han colgado
con arpones y en su terror se lanza al lago ácido
cercano. Nausicaä intenta detenerlo, y sólo
el dolor de sus propias heridas lo logra calmar. Luego
obliga a los soldados de Pejite a levantar al ohmu en
un arnés de cuerdas y llevarlos a detener la
estampida que habían provocado. Con este fin,
descienden delante de la furiosa manada de ohmus, pero
la estampida no se detiene, y tanto Nausicaä como
la criatura son atropellados. En el valle, el caza llega
a tiempo para detener el asalto a la nave espacial y
advertir de la estampida sobre ambos bandos. Todos corren
al terreno más alto, mientras las tropas de Torumekia
se preparan para resistir el embate de los insectos.
Kushana no se intimida, pues confía en su arma
secreta. El soldado divino se levanta tembloroso, y
a órdenes de ella lanza un poderosísimo
rayo de energía que hace arder en llamas el horizonte.
Pero la estampida no se detiene. Activado prematuramente,
el soldado divino se deshace lentamente, pero tiene
tiempo de lanzar un rayo más antes de colapsar
pesadamente. Las hordas de ohmus llegan entonces hasta
las defensas torumekianas y las arrasan en segundos.
Tras la destrucción, la calma llega poco a poco,
y mientras el viento sopla suavemente, los sobrevivientes
son testigos de una escena fantástica. El cuerpo
de Nausicaä es levantado suavemente por los miles
de tentáculos de los ohmus, y con un suave brillo
dorado obran milagrosamente la curación de sus
heridas. Para maravilla de todos, la ropa de Nausicaä
estaba teñida de azul con la sangre del pequeño
ohmu, y cuando ella se levanta completamente curada,
se dan cuenta de que la profecía se ha cumplido
ante sus ojos.
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