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Legend of Basara
(La Leyenda de Básara)
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01.
Unmei no Shounen (Los niños del destino)
Han nacido dos niños que según la profecía
del adivino Nagi derrocarían el déspota
régimen en que están sumidos desde hace
muchos años. Esto provoca que el joven Rey Rojo,
años después de este nacimiento, irrumpa
en la aldea de Byakko para matar al niño del destino,
Tatara. Pero en realidad fue Makoto, amigo de la pequeña
Sarasa, quien sacrificó su vida por su señor.
Esta lamentable pérdida obligó a la pequeña
niña a educarse en pro del futuro de su gente.
Algunos años después, una hermosa Sarasa
promete a su hermano Tatara cuidar a los suyos si él
llegara faltar. Pero el Rey Rojo, al darse cuenta de su
error, marcha otra vez hacia el pueblo, y esta vez uno
de sus hombres, Kazan, corta la cabeza de Tatara, mientras
se realizan algunos incendios y ejecuciones en el pueblo
por haber ocultado la verdad. Sin tiempo de lamentarse
por la muerte de su hermano, Sarasa corta sus largos cabellos
y se presenta ante todos como Tatara, alegando que fue
su "hermana" quien había muerto. Ahora
como Tatara, ordena la evacuación del pueblo hacia
una aldea cercana y, a modo de carnada, se lanza contra
el ejército rojo montada en Yato, el caballo de
su hermano. |
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02.
Shukuteki! Aka no Ou (El enemigo... ¡Es el rey rojo!)
Las tropas de Akano han cercado el pueblo y Sarasa trata
de distraerlas. En plena huida, Kakujin lucha con los
soldados; el adivino Nagi es atacado por un soldado pero
es salvado por el Mashou. El Rey Rojo se percata de la
situación y ordena la retirada de su gente, táctica
que salva a su ejército de ser aplastado por las
rocas de lo alto de la montaña. Sasara agradece
a Mashou su ayuda y se la pide una vez más para
que le consiga algo en especial, pero lo hace a cambio
de una buena suma de dinero. Todo parece en calma en el
castillo del Rey Rojo hasta que los vigías vislumbran
puntos de luces que se dirigen velozmente hacia ellos.
Resultan ser una estampida de bueyes con Sasara oculta
encima de uno de ellos; su objetivo es recuperar la espada
de su pueblo que había sido tomada como trofeo
de guerra. Akano lanza una flecha que impacta en la joven,
pero más dolor le causa ver la cabeza de su hermano.
Mashou le reprocha semejante proceder y luego le recomienda
ir a las pozas termales para que recupere de esa herida.
Al disfrutar de las agradables pozas, se encuentra con
un joven que había llevado su caballo por las mismas
circunstancias. Resultado: una graciosa escena. Prometiendo
no volver más por allí, Sarasa se retira
muy avergonzada. Al día siguiente, se encuentra
con el mismo joven que, tras profundizar más en
su vida e intercambiar otras palabras, la toma de la mano
y le da su primer beso. Ella responde en forma violenta
y se retira prometiendo nunca más volver por esos
lugares. El joven se alegra de su acto y se revela después
como el Rey Rojo. Un enviado de un pueblo vecino pide
ayuda desesperada a Tatara, ya que su gente ha sido capturada
como esclava para la construcción del templo en
honor del Rey Rojo. Sarasa promete, por sobre todas las
cosas, derrotarlo. |
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03.
Shuugeki (Ataque)
En las mazmorras del Rey Rojo, es reconocida la madre
de Sasara y Tatara, y, ante una anterior humillación,
decide suicidarse. No obstante, desiste al saber que Tatara
-es decir, Sarasa- estaba viva. Hisha llega con el informe
de la posicion de las tropas enemigas, así como
su paso por una zona geográfica perfecta para la
ofensiva. Tatara está seguro de atacar pero Ageha
le reprocha su impulsividad mientras se despide de éste.
Una emotiva escena en la extinta ciudad de Asahi le hace
preguntarse si en verdad no se daban cuenta del engaño
o si en el fondo querían engañarse ellos
mismos con la existencia de su hermano. En los alrededores
de un pozo, Sarasa, quien oportunamente se quita su vestimenta
de pelea, se encuentra con Shuri; al enterarse de su partida,
el joven le regala una bolsita de semillas. Ambos se despiden
pensando lograr el mismo objetivo a través de sus
posteriores batallas: tranquilidad y prosperidad para
los suyos. Antes de partir, su abuelo le dice a Tatara
que si llegara a pasar algo grave deberá ir hacia
Kyuushu, a la isla de Sakura en el pueblo de Suzaku, lugar
en donde se encuentra, según la leyenda, una de
las cuatro espadas legendarias que el dios Gochou esparció
en el mundo por la desobediencia del hombre. De reunirlas
todas, tendría el poder suficiente para derrocar
al tirano rey. Dentro de una caravana de esclavos, una
Sarasa infiltrada junto con Kakujin reconoce a Ienoka,
y ésta a su vez reconoce a su querido soberano.
Inesperadamente, el Rey Rojo pasa al lado de Tatara, quien
pese a las advertencias de Kakujin le descarga el filo
de su espada; sin embargo, no era el rey sino un soldado
puesto en su lugar. Al ver descubierto a Tatara dentro
de la trampa, Ienoka protege a su señor pero recibe
un corte mortal en la espalda. Al final, con la ayuda
de Hisha, logran escapar hacia el puente colgante, pero
el abuelo, en un arranque de insentatez y heroísmo,
corta las cuerdas y hace que ambos bandos queden en lados
opuestos. Kakujin cae al abismo y, tras superar el puente,
Ienoka muere. Agobiada por las consecuencias de su impulsividad,
Sarasa deside ir sola como una simple chica a Kyuushu,
para lo cual deberá pasar por Suuno, capital del
reino del Rey Rojo. En la entrada se encuentra con la
extravagante compañía Ichizawa, y Kichou,
la jefe del grupo, le permite ingresar a su "troupe".
El grupo de artistas es recibido con gran delectación
por los centinelas. Pero no pasa mucho hasta que Sarasa
se meta en problemas con un guardia del interior. Por
fortuna, es salvada por un alto mando militar, quien se
sorprende del collar de la chica y le pregunta por su
procedencia. No obstante, la aparición de Kichou
es suficiente respuesta. Kichou. Ya en privado, le reprocha
amablemente su actitud y la llama "Tatara".
Sorprendida, Sarasa la reconoce casi al instante como
su aliado Ageha. Toda una sorpresa. |
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04.
Shiren no Yami (Las pruebas de las tinieblas)
En el castillo, Shuri se quita de encima a un emisario
del rey que venía, por orden de éste, a
ocupar su cargo. Luego, para pasar el rato cruza espadas
con su amigo Shidou, y, mientras que discuten el problema
de Tatara, Shuri le cuenta de la chica que encontró
y que lo impresionó mucho. Tras recobrarse de la
sorpresa por la doble vida de Ageha, Sarasa disfruta de
la hospitalidad de sus nuevos amigos y discute con éste
la opción de tomar otro camino para llegar a Kyuushu;
sin embargo, queda descartada. En eso se encuentra a un
polluelo de búho, a quien Ageha llama Shinbashi;
Sarasa lo recoge y promete cuidarlo como a un hijo. Al
día siguiente, una extasiada Sarasa admira la belleza
del mar. Ageha se despoja de sus ropas y se zambulle en
las frías aguas ante la mirada curiosa de Sarasa,
quien se sorprende por la buena salud del ojo izquierdo
de éste y el tatuaje de su espalda. Acto seguido,
aparece Shidou, quien despeja su curiosidad sobre el símbolo
de los antiguos esclavos. Al retirarse el recién
llegado, Ageha le recomienda que no se confíe de
su inocente cara, pues es el primo del Rey Rojo y encargado
de Kyuushu, Shidou Hotoke (guía de Buda), a quien
tendrá que derrotar primero para llegar al rey.
En el mercado, el ladronzuelo de la vez pasada se ufana
ante un vendedor de ser un conocido de Tatara. El comentario
llega a los oídos de un soldado y poco tiempo después
un grupo de ellos, al mando de Kazan, irrumpen en la compañía
teatral y pretenden revisar el lugar en busca de Tatara;
no obstante, gracias a Shidou el asunto no pasa a mayores.
Kichou danza para el emocionado público acompañado
de Sarasa, que torpemente sigue sus pasos. Llegado el
momento, ésta desaparece, ausencia que es notada
por el invitado de honor. En el castillo, el imprudente
rapaz Mario cuenta que la noche pasada escuchó
a Kichou llamar a Sarasa "Tatara". Sarasa, por
su lado, se adentra en el túnel, que según
el secreto revelado por Ageha, conduciría a Kyuushu.
Pero éste no es sino un laberinto gigante lleno
de trampas mortales que pondrán a la heroína
en grandes dificultades. Acabada la función, Kichou
es llevado prisionero a las mazmorras del castillo, aparentemente
bajo el cargo de traición. |
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05.
Suzaku no Rashou (La vida, seda fina y la aldea de Suzaku)
Sarasa se encuentra en la cueva, la cual es un completo
laberinto, y mientras más se adentra en él
más pierde el rumbo y el valor. Pasa el tiempo
y tan sólo encuentra el pago de los que alguna
vez intentaron cruzarla. La tierna imagen de su mascota
le hace recuperar los ánimos, y ya más tranquila
recuerda las enseñanzas de Nagi. Rompe su collar
y con él empieza a dejar marcas de los caminos
tomados para evitar perderse. Cuando cree que ya encontró
la salida, un profundo precipicio se pone en su camino.
Yato es el primero en saltar; Sarasa habría caído
al fondo del abismo de no ser por la ayuda de su fiel
caballo. Del otro lado, un fiero león la ataca
y, tras una breve lucha, lo deja fuera de combate. Encuentra
luego a una persona que más bien parece un árbol
podrido, quien se nombra como uno de los desertores de
Suzaku, guerreros que desobedecieron al ejército
real y disolvieron las luchas, para finalmente dispersar
las cuatro espadas en diferentes puntos. Le cuenta entre
otras cosas que el abuelo de ella fue el jefe de la tropa.
El desertor fue traicionado por sus compañeros
y encerrado en la cueva. Durante 300 años ha esperado
que algún guerrero que porte una de las cuatro
espadas llegara hasta él. Todos los cadáveres
del camino fueron quienes en un momento intentaron liberarlo.
Le entrega su anillo a Sarasa y le pide buscar a algún
miembro de la familia Takanomonsho. Sarasa sigue su camino
y a través del mar, y a punto de ahogarse, sale
del laberinto. Al hacer trueque de sus ropas por comida,
se entera que un tal Tatara está convocando a todos
los guerreros de la zona. Va en busca del impostor en
el valle de Tatara, lugar que resulta ser sólo
un desierto. Al llegar ahí, un muchacho le obliga
a defenderse, y luego la acepta en su grupo; el muchacho
se autodenomina el Tatara y además el Joven del
Destino. Junto con una tropa de forajidos, el supuesto
libertador está formando un ejército rebelde.
Éstos cuentan a Sarasa de un viejo loco, cuyas
características no le dejan duda: es Kakujin y
está vivo. Así accede a llevar la charada
hasta enterarse toda la verdad. |
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06.
Kuren no Honou (El fuego de la flor de loto roja)
Tras un largo viaje, el supuesto Tatara y los rebeldes
llegan finalmente a Daizafu. Más tarde, Sarasa
amenaza al impostor y lo interroga acerca de su verdadero
nombre y sus planes. Contesta que se llama Hayato e hizo
un trato con Shidou, el cual consiste en llevar a los
seguidores de Tatara a Daizafu a cambio de una recompensa
económica que él necesita para curar a su
madre enferma; le pide asimismo no revelar su secreto.
Sarasa le pregunta si conoce a Susaku no Rashou, y el
joven responde que era su bisabuelo. Sarasa le entrega
el anillo como se lo habían encargado y se marcha.
Por la noche, el grupo rebelde llega a la entrevista,
pero intempestivamente los soldados disparan sus flechas
contra él para hacer ver que todos han caído
en una trampa. Afortunadamente, Sarasa decide ayudarlos
a pesar del peligro, y logra abrir el portón para
que huyan. Recién entonces el bisoño líder
se da cuenta de su error y es rescatado por Sarasa, quien
lo lleva a su casa para huir definitivamente. Al llegar
se dan con la ingrata sorpresa de que su madre ha muerto,
y el joven se acongoja. Luego de enterrarla y leer una
carta que le dejara su progenitora, Hayato decide unirse
a Sarasa para ayudarla, y ambos se encaminan hacia el
sur.
Mientras tanto, Shidou es puesto al tanto de los movimientos
de Sarasa y su nuevo escudero. En el camino son interceptados
por el fiel Hishou, y éste les informa que el Rey
Rojo se dirige a Beppu, por lo que deciden enrumbarse
a su encuentro. Al mismo tiempo, Shidou le informa a su
prometida Senju que su compromiso se atrasará pues
debe salir a una misión, y la joven acepta, no
sin pesar. Sin embargo, la víspera tiene un mal
presentimiento, y le pide a Hishou desposarla de una vez
y pasar juntos la primera noche.
Una vez en Beppu, los aventureros se dan cuenta de la
situación, y Sarasa decide retirarse temporalmente.
Aprovecha un tiempo libre para llevar a Yato a tomar un
baño en las aguas termales, y es ahí donde
encuentra nuevamente a Shuri, quien luce en la espalda
la marca de los esclavos. Luego el Rey Rojo es víctima
de un ataque con una flecha envenenada, y cae afectado.
Sarasa se preocupa por él y se aboca a cuidarlo
durante toda la noche. Al mismo tiempo, Shidou consuma
su amor con Senjyu. |
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07.
Shi no Odori (La Danza de la Muerte)
Mientras comparten el lecho, Shidou cuenta a Senjyu la
desafortunada niñez de Shiuri, quien fuera condenado
por su padre, el rey, merced al designio de un adivino.
Por ello fue marcado y separado de la casa real para quedar
en custodia del padre de Shidou. Al llegar a la mayoría
de edad, le fue dada una parte del territorio del centro
del que no se preocupó en tres años; llegado
el momento, asesinó a todos los traidores. Recuperado
casi del todo, Shuri regresa a las andanzas contra Sarasa,
a quien besa e incluso toca descaradamente. Luego le regala
una exótica ave para que así su "relación"
no se pierda. Antes de partir al frente, Shidou le pide
a Senjyu atar un lazo amarillo en una rama hasta su regreso.
Al dejar Beppu, Sarasa y Hayato buscan la isla de Sakura
en vano, ya que ésta se hundió en el mar
hace mucho. Sin rumbo fijo, son atrapados por un grupo
de piratas, quienes los llevan hacia su escondite. En
la lejanía se divisa un bergantín, y sobre
su bauprés se perfilan dos sombras en plena "Danza
de la Muerte". Más que un ritual, se trata
de una pelea a muerte con espadas entre la capitana del
barco y un supuesto traidor, la cual siempre termina con
la caída del infeliz a un mar lleno de tiburones.
Al llegar, Tatara pide ayuda a Chacha, la aguerrida jefa,
y ésta reta a Tatara a beber hasta que uno caiga
al suelo. Sarasa no puede pasar del tercer trago de sake,
así que Kakujii -quien estaba observando todo-
la reemplaza; ella apenas puede creer haberlo encontrado
sano y salvo. Ambos se mantienen en pie hasta que se termina
el licor y, por insistencia de Zaki, segundo al mando
del barco, se detienen. Al día siguiente, Tatara
reta a Chacha a la Danza de la Muerte para poder obtener
su ayuda en la lucha contra el Rey Rojo, sólo que
ahora -a condición de Chacha- será con los
ojos vendados. |
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08.
Aratana Kizuna (Un nuevo lazo)
En plena lucha se nota la superioridad de Chacha, por
lo que Sarasa cae al agua después de un previo
forcejeo. Segura de su victoria, Chacha se descuida, y
en este momento, Tatara, valiéndose de un tiburón,
llega hasta ella y la jala al fondo. Chacha acepta su
derrota. De pronto, un terremoto cambia el curso de la
corriente y pone al descubierto su refugio. Esto es aprovechado
por la armada imperial para ingresar y tomarlos por sorpresa.
Chacha mira con horror cómo por el este se acerca
la caballería del rey rojo, la misma tropa de la
que se valió para tomar toda la zona del este al
mando del general Shidou. Al abordar el barco enemigo
se encuentran con los descendientes de quienes traicionaron
a Rashu. Uno de ellos saca un arma de fuego y sólo
Zaki evita que lo use contra Tatara. Los piratas toman
el barco y la tripulación se salva de ser asesinada
gracias a Tatara. Su huida es interrumpida por el grueso
de la flota del Rey Rojo, que acaba de cerrar la salida.
En un lugar lejano, Ageha le hace ver a Shidou que las
cuatro espadas ayudarán a Tatara a ser un gran
líder. El barco es quemado y todos huyen y se refugian
en las rocas. Sarasa se da cuenta de que quien comanda
las tropas enemigas es el mismísimo Rey Rojo. Un
mensaje en clave de Ageha hace recordar a Chacha la existencia
de un cañón que bien puede ser utilizado
contra la caballería enemiga. Tatara se ofrece
a traer el mismo y, acompañada de Zaki, cruza a
través de toda la flota enemiga. |
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09.
Kuni no Mahoroba (El territorio del espejismo)
Shidou da la orden de aplastar a los piratas y a quien
se cruce. Sarasa y Saki son atacados camino a Suzaku por
el cañón. Los agresores son eliminados fácilmente
por Saki, pues Sarasa estaba ocupada librándose
de unas redes. Ésta y otras cosas atraen la mirada
de Saki hacia Tatara, ya que su forma de comportarse no
es precisamente la de un guerrero. Viendo que pasar otra
vez de esa forma sería riesgoso, se hacen de un
tiburón, al que matan ellos mismos, para cruzar
la línea enemiga sin problemas. Así llegan
al barco de Suzaku, semejante a una nave portaviones;
dentro se encuentra el pueblo de Susaku. En el mismo barco,
a Hayato, quien fuera tomado prisionero, se le encuentra
un mapa que los hermanos interpretan como el lugar en
donde se encuentra la espada de Suzaku; el arma que tienen,
y con la cual han engañado al pueblo, es sólo
una burda imitación. Abordado el barco, Saki y
Sarasa no tardan en hallar el cañón. Sarasa
decide atacar desde allí mismo, pues se les acaba
el tiempo a sus amigos. Sin más, dispara contra
la flota de barcos y cubre a uno de llamas. Shidou se
entera del ataque, pero se niega a pedir ayuda a Shuri
y más bien busca defenderse él solo. Hayato
se libera y hace ver la cobardía de sus captores
al pueblo, así como la falsedad de la Hotoranka.
Luego es reconocido como descendiente de Rashu-sama. Ante
esto, Sakura-jima empieza a moverse. Sarasa no puede evitar
llorar por sus propios enemigos, y Saki tapa sus ojos.
Ante la toma de Suzaku, Shuri decide ir a Kagoshima, a
pesar de que mayor preocupación le causa el barco
extranjero que está rondando sus costas. El accionar
de unos espías lleva la lucha con la flota extranjera
a la capital del reino. Shuri se entera de este ataque
en Hikkoshima. La información llegada de que las
tropas del Rey Azul están cerca de la capital le
hace ver al soberano rojo que el rey de la región
de Kantou está involucrado y no Tatara, como antes
le informaran. Uno de estos espías ordena el ataque
de la armada extranjera. Shuri pide traerlo ante él.
Atado al mástil mayor de su acorazado, y luego
de hacer bajar a todos, Asho traduce al inglés
sus disculpas a la tropa extranjera por el cobarde ataque
y, para darles una idea de sus métodos, prende
los explosivos que había dentro del barco, incinera
al traidor y él se hunde con el barco. Así
termina la última esperanza de ir en ayuda de Shidou,
algo que Senjyu lamenta en lo más profundo de su
ser. Confundidos por su reacción, los extranjeros
sólo atinan a retroceder, no sin antes sorprenderse
de que aún quede encendido, en un hombre, el antiguo
espíritu del samurai. La elevación volcánica
de Sakura-jima es tomada por Sarasa no como el fin, sino
como el inicio de una nueva etapa para el pueblo de Sakura. |
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10.
Sakura Jima Fun Ga (La isla de Sakura estalla)
Mientras la isla de Sakura asciende lentamente, se inician
las reparaciones del barco de Suzaku. Tatara intenta ayudar
en el quehacer, pero el cansancio de la travesía
y su condición de mujer frustran sus intentos.
Zaki aún sigue intrigado por la fuerza interior
del joven, pues con tan sólo una frase logró
ganar la confianza de toda la aldea. El diálogo
es interrumpido por un anciano de nombre Mashiro, quien
aborda el barco y pide la ayuda de Tatara para liberar
a su aldea en Chira, la cual ha sido tomada por las tropas
de Shidou. Pero lo que convence a Sarasa es la descripción
de un hombre vestido de azul con un parche en el ojo izquierdo.
Zaki trata de disuadirla sospechando una trampa, pero
Sarasa se encamina a aquel lugar en compañía
de Hayato, quien a su vez tiene cuentas con Shidou. En
una reunión con sus guardias personales -Tsukishiro,
Masan y Suzuki-, Shidou hace conocer su equivocación
sobre los verdaderos alcances del ejército de Tatara,
al que llama tan sólo una guerrilla. Únicamente
por molestar, Ageha expresa su disconformidad por el trato
que le dan. Shidou le dice que él será usado
como carnada para atrapar a Tatara, y él, en respuesta,
envuelve el cuello de Shidou con sus cadenas y le echa
en cara la situación. Los guardias se sorprenden
del trato tan amable que le reserva Shidou después
de tan grave falta de respeto. Tatara está a punto
de llegar a la supuesta aldea, cuyas ruinas son custodiadas
por monstruosas estatuas. Más adelante, divisan
al azul Ageha colgado de cabeza. La repentina ausencia
del guía confirma la más que obvia emboscada.
Chacha y Kakujii ya se encuentran en el Suzaku pero no
se quedan mucho tiempo, pues salen hacia Chira en busca
de Tatara. El Joven del Destino y Hayato son cercados
y confrontados por Suzuki. En lugar de enfrentarse cuerpo
a cuerpo, Tatara saca veloz un cartucho de explosivos
que arroja para hacerse de una salida. Hayato intenta
cortar con sus flechas la soga que apresa a Ageha, y lo
consigue después de varios intentos. Instantes
después, ambos son apresados, y un repentino terremoto
es la única campana de salvación para Sarasa.
Todo ha sido sepultado por las rocas y sólo se
ve a Shidou y Ageha. Cuando parecía que el primero
había vencido a su mortal enemigo, de entre los
escombros se levanta Sarasa, y Shidou lo mira atónito. |
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11.
Shidou Shisu (La muerte de Shidou)
Todo el paraje está en ruinas, escenario perfecto
para la pelea final entre Shidou y Tatara, ello ante la
atenta vigilancia de Ageha. Las cosas no se ven bien para
Sarasa, pues se halla indefensa al haber perdido la espada
de Byakko. Shidou arremete contra su mortal enemigo, pero
su herida en la pierna no le deja avanzar más.
No importa lo cansada o dolida que esté la mano
derecha de Shidou, su misión es matar a Tatara
a como dé lugar y eso es lo único que tiene
en mente, todo para salvar a su rey. Una y otra vez Sarasa
se libra de la hoja de Shidou, pero ella también
está herida, y se llena de desesperación
al tener sólo una daga para defender su vida. Su
temor más grande es morir sin antes haber cumplido
su venganza contra el Rey Rojo. El tiempo pasa y el camino
se hace más corto para ambos. Cada vez más
el cansancio mengua sus fuerzas y los hace caer en mortales
errores. Los pasos de Shidou son más penosos, pero
su pensamiento está centrado en Senjyu y Shuri,
lo cual son fuente de su momentánea fuerza. Sarasa
empieza a dudar de su capacidad y eleva otra vez sus pensamientos
a su hermano mayor, Tatara. Hayato, atrapado bajo una
gran roca, despierta y se hace de su arco. Con gran esfuerzo,
coge la única flecha que le queda. Shidou tiene
a Sarasa al filo de su espada. En la morada de Senjyu,
una criada desata sin querer el lazo amarillo símbolo
del regreso de Shidou. En ese momento, el agonizante guerrero
ve la semilla de olivo que cuelga del cuello de Tatara
y comprende todo. Ambos, Sarasa y Shuri se conocen, se
aman y a la vez se odian a muerte. Shidou peca de sentimental
por un momento, tiempo suficiente para que Hayato librara
una de sus piernas de la roca y la use de apoyo para tensar
el arco. El drama se acentúa cuando el pueblo de
Suzaku emerge en ese instante y deja ver la sagrada espada
de Suzaku. La anciana del pueblo ve en ello un significado:
los tiempos están cambiando y reclaman a nuevos
hombres. Shidou recupera el sentido y toda la intención
de matar a la chica que conoció una vez, pero el
ambiente se petrifica cuando la flecha del joven se ensarta
en el cuello de Shidou. Pese a que todo ya ha acabado,
aún intenta matar a Sarasa, pero al fin las fuerzas
lo abandonan y se desploma cuan largo es. Su último
pensamiento se lo dedica a su amada Senjyu. El terremoto
llega hasta la zona y sólo la aparición
del fiel Yato salva la vida de Hayato y Sarasa. En las
ruinas sólo se puede ver a un acongojado Ageha
llorar a su amigo. Ya en la capital del Rey Rojo, una
viuda Senju se consterna frente al cadáver de su
esposo, y un amigo lamenta con toda la amargura de su
corazón esta muerte absurda. El profundo grito
de una mujer destrozada llena la habitación de
desconsuelo. |
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12.
Kunjou no Asagi (Asagi del ejército ultramarino)
El Rey Rojo es informado de una posible invasión
por parte del Rey Azul, ordenada por el emperador. Sorpresivemente,
Shuri decide ir a Kantou para espiar al rival soberano.
Shuri le comunica a Sarasa su deseo de verla en los baños
termales de Hayashida, en Kirijima. Ya en el lugar y apoyado
en ella, Shuri puede despejar un poco el dolor por la
muerte de su amigo. Ante Tatara se presenta un emisario
portando una gran armadura y un mensaje de una alianza
que pretende entablar el Rey Azul, más conocido
como el Rey Serpiente, con Tatara. El rebelde se niega,
y como respuesta el otro le enseña un dibujo de
la espada Byakku. Sin muchas alternativas, decide viajar
a Kantou, tras ordenar que el resto de sus hombres zarpe
a los 10 días. En el puerto de Beppu, Sarasa encuentra
a Shuri, quien de incógnito rapó su cabeza
y ahora viste como monje. En el mismo barco viajan también
un cargamento de esclavos y la guardia del Rey Azul. Kakuji
y Hishou deciden seguirla de cerca. Asagi, general del
Ejército Azul, ve la marca de los esclavos en Shuri
y lo manda arrestar junto con su amiga. Son llevados,
junto con otros esclavos, ante el Rey Azul en un coliseo
con la única opcion de pelear entre ellos para
salvar sus vidas. Entre las armas ofrecidas se encuentra
la espada de Byakku, que es empuñada por Shuri.
El resto de esclavos trata de huir pero es detenido por
el emisario. Sarasa comprende que el Rey Azul es indiferente
ante el sufrimiento ajeno. Shuri, emocionado por las valientes
protestas de Sarasa, le pide casarse con él si
logran salir de ésa. Ante el informe de que el
Rey Rojo ha planeado matarlo, el tirano azul deja todo
en manos de Asagi y al final decide que Sarasa sea sacrificada.
Shuri escapa pero Sarasa es detenida por Asagi. En los
calabozos, la prisionera se entera de la supuesta muerte
de su amigo. |
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13.
Saikai, Soshite (Reencuentro, y luego...)
Durante la preparación de la ceremonia, donde es
bañada por esclavas sin voz, Sarasa es informada
de la realidad del reino. Por su lado, Ageha saluda cortésmente
al general Asagi, quien lo invita a bailar para la ceremonia.
Vestida con un atuendo impresionante, Asagi obliga a Sarasa
a tomar un somnífero mientras éste le explica
sobre el sacrificio que todos los años se le hace
al dios dragón para calmar su furia. Kakuji y Hishou
se adentran en la verdadera realidad del reino azul, lleno
de pobreza y desventura. Frente a las aguas, el dios dragón
se presenta impresionante ante un pueblo aturdido con
los efectos de una droga. El rey mira incrédulamente
a Sarasa levantarse ante él, y la heroína
pone en evidencia que toda la ceremonia es un bien elaborado
montaje. El Rey Serpiente pide ayuda a Asagi y éste
corta las cuerdas que los sostenían. Sarasa es
rescatada por el emisario y el rey por un soldado. Éste
le explica a Sarasa que él nunca estuvo a favor
del Rey Azul y es el dueño legítimo de la
espada Seiryu. El Rey Serpiente comparece ante Shuri,
quien lo deja colgado sobre un foso de cocodrilos con
una cuerda a medio cortar. La posterior aparición
de Asagi no ayuda mucho a la situación, pues el
trémulo rey se entera de que siempre fue utilizado
por su general, el verdadero Rey Azul. El diálogo
no va para más y la cuerda se rompe. El país
está libre de la tiranía. En medio de la
algarabía, una incrédula Sarasa avista a
Shuri dentro del palacio; corre sin aliento hasta él
y ambos se dan un memorial beso. Sin embargo, Asagi ha
abierto la represa y la ciudad se llena de agua, y esto
provoca la abrupta separación de ambos jóvenes.
Shuri llega a revelarle su verdadera identidad pero Sarasa
no logra oírlo. Es otro día, y en la mente
de Sarasa sólo está el deseo de derrotar
al Rey Rojo cuanto antes y volver a encontrarse con su
amado Shuri. |
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