Aprovecha la preventa de Sugoi 29

Legend of Basara
(La Leyenda de Básara)

01. Unmei no Shounen (Los niños del destino)
Han nacido dos niños que según la profecía del adivino Nagi derrocarían el déspota régimen en que están sumidos desde hace muchos años. Esto provoca que el joven Rey Rojo, años después de este nacimiento, irrumpa en la aldea de Byakko para matar al niño del destino, Tatara. Pero en realidad fue Makoto, amigo de la pequeña Sarasa, quien sacrificó su vida por su señor. Esta lamentable pérdida obligó a la pequeña niña a educarse en pro del futuro de su gente. Algunos años después, una hermosa Sarasa promete a su hermano Tatara cuidar a los suyos si él llegara faltar. Pero el Rey Rojo, al darse cuenta de su error, marcha otra vez hacia el pueblo, y esta vez uno de sus hombres, Kazan, corta la cabeza de Tatara, mientras se realizan algunos incendios y ejecuciones en el pueblo por haber ocultado la verdad. Sin tiempo de lamentarse por la muerte de su hermano, Sarasa corta sus largos cabellos y se presenta ante todos como Tatara, alegando que fue su "hermana" quien había muerto. Ahora como Tatara, ordena la evacuación del pueblo hacia una aldea cercana y, a modo de carnada, se lanza contra el ejército rojo montada en Yato, el caballo de su hermano.
02. Shukuteki! Aka no Ou (El enemigo... ¡Es el rey rojo!)
Las tropas de Akano han cercado el pueblo y Sarasa trata de distraerlas. En plena huida, Kakujin lucha con los soldados; el adivino Nagi es atacado por un soldado pero es salvado por el Mashou. El Rey Rojo se percata de la situación y ordena la retirada de su gente, táctica que salva a su ejército de ser aplastado por las rocas de lo alto de la montaña. Sasara agradece a Mashou su ayuda y se la pide una vez más para que le consiga algo en especial, pero lo hace a cambio de una buena suma de dinero. Todo parece en calma en el castillo del Rey Rojo hasta que los vigías vislumbran puntos de luces que se dirigen velozmente hacia ellos. Resultan ser una estampida de bueyes con Sasara oculta encima de uno de ellos; su objetivo es recuperar la espada de su pueblo que había sido tomada como trofeo de guerra. Akano lanza una flecha que impacta en la joven, pero más dolor le causa ver la cabeza de su hermano. Mashou le reprocha semejante proceder y luego le recomienda ir a las pozas termales para que recupere de esa herida. Al disfrutar de las agradables pozas, se encuentra con un joven que había llevado su caballo por las mismas circunstancias. Resultado: una graciosa escena. Prometiendo no volver más por allí, Sarasa se retira muy avergonzada. Al día siguiente, se encuentra con el mismo joven que, tras profundizar más en su vida e intercambiar otras palabras, la toma de la mano y le da su primer beso. Ella responde en forma violenta y se retira prometiendo nunca más volver por esos lugares. El joven se alegra de su acto y se revela después como el Rey Rojo. Un enviado de un pueblo vecino pide ayuda desesperada a Tatara, ya que su gente ha sido capturada como esclava para la construcción del templo en honor del Rey Rojo. Sarasa promete, por sobre todas las cosas, derrotarlo.
03. Shuugeki (Ataque)
En las mazmorras del Rey Rojo, es reconocida la madre de Sasara y Tatara, y, ante una anterior humillación, decide suicidarse. No obstante, desiste al saber que Tatara -es decir, Sarasa- estaba viva. Hisha llega con el informe de la posicion de las tropas enemigas, así como su paso por una zona geográfica perfecta para la ofensiva. Tatara está seguro de atacar pero Ageha le reprocha su impulsividad mientras se despide de éste. Una emotiva escena en la extinta ciudad de Asahi le hace preguntarse si en verdad no se daban cuenta del engaño o si en el fondo querían engañarse ellos mismos con la existencia de su hermano. En los alrededores de un pozo, Sarasa, quien oportunamente se quita su vestimenta de pelea, se encuentra con Shuri; al enterarse de su partida, el joven le regala una bolsita de semillas. Ambos se despiden pensando lograr el mismo objetivo a través de sus posteriores batallas: tranquilidad y prosperidad para los suyos. Antes de partir, su abuelo le dice a Tatara que si llegara a pasar algo grave deberá ir hacia Kyuushu, a la isla de Sakura en el pueblo de Suzaku, lugar en donde se encuentra, según la leyenda, una de las cuatro espadas legendarias que el dios Gochou esparció en el mundo por la desobediencia del hombre. De reunirlas todas, tendría el poder suficiente para derrocar al tirano rey. Dentro de una caravana de esclavos, una Sarasa infiltrada junto con Kakujin reconoce a Ienoka, y ésta a su vez reconoce a su querido soberano. Inesperadamente, el Rey Rojo pasa al lado de Tatara, quien pese a las advertencias de Kakujin le descarga el filo de su espada; sin embargo, no era el rey sino un soldado puesto en su lugar. Al ver descubierto a Tatara dentro de la trampa, Ienoka protege a su señor pero recibe un corte mortal en la espalda. Al final, con la ayuda de Hisha, logran escapar hacia el puente colgante, pero el abuelo, en un arranque de insentatez y heroísmo, corta las cuerdas y hace que ambos bandos queden en lados opuestos. Kakujin cae al abismo y, tras superar el puente, Ienoka muere. Agobiada por las consecuencias de su impulsividad, Sarasa deside ir sola como una simple chica a Kyuushu, para lo cual deberá pasar por Suuno, capital del reino del Rey Rojo. En la entrada se encuentra con la extravagante compañía Ichizawa, y Kichou, la jefe del grupo, le permite ingresar a su "troupe". El grupo de artistas es recibido con gran delectación por los centinelas. Pero no pasa mucho hasta que Sarasa se meta en problemas con un guardia del interior. Por fortuna, es salvada por un alto mando militar, quien se sorprende del collar de la chica y le pregunta por su procedencia. No obstante, la aparición de Kichou es suficiente respuesta. Kichou. Ya en privado, le reprocha amablemente su actitud y la llama "Tatara". Sorprendida, Sarasa la reconoce casi al instante como su aliado Ageha. Toda una sorpresa.
04. Shiren no Yami (Las pruebas de las tinieblas)
En el castillo, Shuri se quita de encima a un emisario del rey que venía, por orden de éste, a ocupar su cargo. Luego, para pasar el rato cruza espadas con su amigo Shidou, y, mientras que discuten el problema de Tatara, Shuri le cuenta de la chica que encontró y que lo impresionó mucho. Tras recobrarse de la sorpresa por la doble vida de Ageha, Sarasa disfruta de la hospitalidad de sus nuevos amigos y discute con éste la opción de tomar otro camino para llegar a Kyuushu; sin embargo, queda descartada. En eso se encuentra a un polluelo de búho, a quien Ageha llama Shinbashi; Sarasa lo recoge y promete cuidarlo como a un hijo. Al día siguiente, una extasiada Sarasa admira la belleza del mar. Ageha se despoja de sus ropas y se zambulle en las frías aguas ante la mirada curiosa de Sarasa, quien se sorprende por la buena salud del ojo izquierdo de éste y el tatuaje de su espalda. Acto seguido, aparece Shidou, quien despeja su curiosidad sobre el símbolo de los antiguos esclavos. Al retirarse el recién llegado, Ageha le recomienda que no se confíe de su inocente cara, pues es el primo del Rey Rojo y encargado de Kyuushu, Shidou Hotoke (guía de Buda), a quien tendrá que derrotar primero para llegar al rey. En el mercado, el ladronzuelo de la vez pasada se ufana ante un vendedor de ser un conocido de Tatara. El comentario llega a los oídos de un soldado y poco tiempo después un grupo de ellos, al mando de Kazan, irrumpen en la compañía teatral y pretenden revisar el lugar en busca de Tatara; no obstante, gracias a Shidou el asunto no pasa a mayores. Kichou danza para el emocionado público acompañado de Sarasa, que torpemente sigue sus pasos. Llegado el momento, ésta desaparece, ausencia que es notada por el invitado de honor. En el castillo, el imprudente rapaz Mario cuenta que la noche pasada escuchó a Kichou llamar a Sarasa "Tatara". Sarasa, por su lado, se adentra en el túnel, que según el secreto revelado por Ageha, conduciría a Kyuushu. Pero éste no es sino un laberinto gigante lleno de trampas mortales que pondrán a la heroína en grandes dificultades. Acabada la función, Kichou es llevado prisionero a las mazmorras del castillo, aparentemente bajo el cargo de traición.
05. Suzaku no Rashou (La vida, seda fina y la aldea de Suzaku)
Sarasa se encuentra en la cueva, la cual es un completo laberinto, y mientras más se adentra en él más pierde el rumbo y el valor. Pasa el tiempo y tan sólo encuentra el pago de los que alguna vez intentaron cruzarla. La tierna imagen de su mascota le hace recuperar los ánimos, y ya más tranquila recuerda las enseñanzas de Nagi. Rompe su collar y con él empieza a dejar marcas de los caminos tomados para evitar perderse. Cuando cree que ya encontró la salida, un profundo precipicio se pone en su camino. Yato es el primero en saltar; Sarasa habría caído al fondo del abismo de no ser por la ayuda de su fiel caballo. Del otro lado, un fiero león la ataca y, tras una breve lucha, lo deja fuera de combate. Encuentra luego a una persona que más bien parece un árbol podrido, quien se nombra como uno de los desertores de Suzaku, guerreros que desobedecieron al ejército real y disolvieron las luchas, para finalmente dispersar las cuatro espadas en diferentes puntos. Le cuenta entre otras cosas que el abuelo de ella fue el jefe de la tropa. El desertor fue traicionado por sus compañeros y encerrado en la cueva. Durante 300 años ha esperado que algún guerrero que porte una de las cuatro espadas llegara hasta él. Todos los cadáveres del camino fueron quienes en un momento intentaron liberarlo. Le entrega su anillo a Sarasa y le pide buscar a algún miembro de la familia Takanomonsho. Sarasa sigue su camino y a través del mar, y a punto de ahogarse, sale del laberinto. Al hacer trueque de sus ropas por comida, se entera que un tal Tatara está convocando a todos los guerreros de la zona. Va en busca del impostor en el valle de Tatara, lugar que resulta ser sólo un desierto. Al llegar ahí, un muchacho le obliga a defenderse, y luego la acepta en su grupo; el muchacho se autodenomina el Tatara y además el Joven del Destino. Junto con una tropa de forajidos, el supuesto libertador está formando un ejército rebelde. Éstos cuentan a Sarasa de un viejo loco, cuyas características no le dejan duda: es Kakujin y está vivo. Así accede a llevar la charada hasta enterarse toda la verdad.
06. Kuren no Honou (El fuego de la flor de loto roja)
Tras un largo viaje, el supuesto Tatara y los rebeldes llegan finalmente a Daizafu. Más tarde, Sarasa amenaza al impostor y lo interroga acerca de su verdadero nombre y sus planes. Contesta que se llama Hayato e hizo un trato con Shidou, el cual consiste en llevar a los seguidores de Tatara a Daizafu a cambio de una recompensa económica que él necesita para curar a su madre enferma; le pide asimismo no revelar su secreto. Sarasa le pregunta si conoce a Susaku no Rashou, y el joven responde que era su bisabuelo. Sarasa le entrega el anillo como se lo habían encargado y se marcha.
Por la noche, el grupo rebelde llega a la entrevista, pero intempestivamente los soldados disparan sus flechas contra él para hacer ver que todos han caído en una trampa. Afortunadamente, Sarasa decide ayudarlos a pesar del peligro, y logra abrir el portón para que huyan. Recién entonces el bisoño líder se da cuenta de su error y es rescatado por Sarasa, quien lo lleva a su casa para huir definitivamente. Al llegar se dan con la ingrata sorpresa de que su madre ha muerto, y el joven se acongoja. Luego de enterrarla y leer una carta que le dejara su progenitora, Hayato decide unirse a Sarasa para ayudarla, y ambos se encaminan hacia el sur.
Mientras tanto, Shidou es puesto al tanto de los movimientos de Sarasa y su nuevo escudero. En el camino son interceptados por el fiel Hishou, y éste les informa que el Rey Rojo se dirige a Beppu, por lo que deciden enrumbarse a su encuentro. Al mismo tiempo, Shidou le informa a su prometida Senju que su compromiso se atrasará pues debe salir a una misión, y la joven acepta, no sin pesar. Sin embargo, la víspera tiene un mal presentimiento, y le pide a Hishou desposarla de una vez y pasar juntos la primera noche.
Una vez en Beppu, los aventureros se dan cuenta de la situación, y Sarasa decide retirarse temporalmente. Aprovecha un tiempo libre para llevar a Yato a tomar un baño en las aguas termales, y es ahí donde encuentra nuevamente a Shuri, quien luce en la espalda la marca de los esclavos. Luego el Rey Rojo es víctima de un ataque con una flecha envenenada, y cae afectado. Sarasa se preocupa por él y se aboca a cuidarlo durante toda la noche. Al mismo tiempo, Shidou consuma su amor con Senjyu.
07. Shi no Odori (La Danza de la Muerte)
Mientras comparten el lecho, Shidou cuenta a Senjyu la desafortunada niñez de Shiuri, quien fuera condenado por su padre, el rey, merced al designio de un adivino. Por ello fue marcado y separado de la casa real para quedar en custodia del padre de Shidou. Al llegar a la mayoría de edad, le fue dada una parte del territorio del centro del que no se preocupó en tres años; llegado el momento, asesinó a todos los traidores. Recuperado casi del todo, Shuri regresa a las andanzas contra Sarasa, a quien besa e incluso toca descaradamente. Luego le regala una exótica ave para que así su "relación" no se pierda. Antes de partir al frente, Shidou le pide a Senjyu atar un lazo amarillo en una rama hasta su regreso. Al dejar Beppu, Sarasa y Hayato buscan la isla de Sakura en vano, ya que ésta se hundió en el mar hace mucho. Sin rumbo fijo, son atrapados por un grupo de piratas, quienes los llevan hacia su escondite. En la lejanía se divisa un bergantín, y sobre su bauprés se perfilan dos sombras en plena "Danza de la Muerte". Más que un ritual, se trata de una pelea a muerte con espadas entre la capitana del barco y un supuesto traidor, la cual siempre termina con la caída del infeliz a un mar lleno de tiburones. Al llegar, Tatara pide ayuda a Chacha, la aguerrida jefa, y ésta reta a Tatara a beber hasta que uno caiga al suelo. Sarasa no puede pasar del tercer trago de sake, así que Kakujii -quien estaba observando todo- la reemplaza; ella apenas puede creer haberlo encontrado sano y salvo. Ambos se mantienen en pie hasta que se termina el licor y, por insistencia de Zaki, segundo al mando del barco, se detienen. Al día siguiente, Tatara reta a Chacha a la Danza de la Muerte para poder obtener su ayuda en la lucha contra el Rey Rojo, sólo que ahora -a condición de Chacha- será con los ojos vendados.
08. Aratana Kizuna (Un nuevo lazo)
En plena lucha se nota la superioridad de Chacha, por lo que Sarasa cae al agua después de un previo forcejeo. Segura de su victoria, Chacha se descuida, y en este momento, Tatara, valiéndose de un tiburón, llega hasta ella y la jala al fondo. Chacha acepta su derrota. De pronto, un terremoto cambia el curso de la corriente y pone al descubierto su refugio. Esto es aprovechado por la armada imperial para ingresar y tomarlos por sorpresa. Chacha mira con horror cómo por el este se acerca la caballería del rey rojo, la misma tropa de la que se valió para tomar toda la zona del este al mando del general Shidou. Al abordar el barco enemigo se encuentran con los descendientes de quienes traicionaron a Rashu. Uno de ellos saca un arma de fuego y sólo Zaki evita que lo use contra Tatara. Los piratas toman el barco y la tripulación se salva de ser asesinada gracias a Tatara. Su huida es interrumpida por el grueso de la flota del Rey Rojo, que acaba de cerrar la salida. En un lugar lejano, Ageha le hace ver a Shidou que las cuatro espadas ayudarán a Tatara a ser un gran líder. El barco es quemado y todos huyen y se refugian en las rocas. Sarasa se da cuenta de que quien comanda las tropas enemigas es el mismísimo Rey Rojo. Un mensaje en clave de Ageha hace recordar a Chacha la existencia de un cañón que bien puede ser utilizado contra la caballería enemiga. Tatara se ofrece a traer el mismo y, acompañada de Zaki, cruza a través de toda la flota enemiga.
09. Kuni no Mahoroba (El territorio del espejismo)
Shidou da la orden de aplastar a los piratas y a quien se cruce. Sarasa y Saki son atacados camino a Suzaku por el cañón. Los agresores son eliminados fácilmente por Saki, pues Sarasa estaba ocupada librándose de unas redes. Ésta y otras cosas atraen la mirada de Saki hacia Tatara, ya que su forma de comportarse no es precisamente la de un guerrero. Viendo que pasar otra vez de esa forma sería riesgoso, se hacen de un tiburón, al que matan ellos mismos, para cruzar la línea enemiga sin problemas. Así llegan al barco de Suzaku, semejante a una nave portaviones; dentro se encuentra el pueblo de Susaku. En el mismo barco, a Hayato, quien fuera tomado prisionero, se le encuentra un mapa que los hermanos interpretan como el lugar en donde se encuentra la espada de Suzaku; el arma que tienen, y con la cual han engañado al pueblo, es sólo una burda imitación. Abordado el barco, Saki y Sarasa no tardan en hallar el cañón. Sarasa decide atacar desde allí mismo, pues se les acaba el tiempo a sus amigos. Sin más, dispara contra la flota de barcos y cubre a uno de llamas. Shidou se entera del ataque, pero se niega a pedir ayuda a Shuri y más bien busca defenderse él solo. Hayato se libera y hace ver la cobardía de sus captores al pueblo, así como la falsedad de la Hotoranka. Luego es reconocido como descendiente de Rashu-sama. Ante esto, Sakura-jima empieza a moverse. Sarasa no puede evitar llorar por sus propios enemigos, y Saki tapa sus ojos. Ante la toma de Suzaku, Shuri decide ir a Kagoshima, a pesar de que mayor preocupación le causa el barco extranjero que está rondando sus costas. El accionar de unos espías lleva la lucha con la flota extranjera a la capital del reino. Shuri se entera de este ataque en Hikkoshima. La información llegada de que las tropas del Rey Azul están cerca de la capital le hace ver al soberano rojo que el rey de la región de Kantou está involucrado y no Tatara, como antes le informaran. Uno de estos espías ordena el ataque de la armada extranjera. Shuri pide traerlo ante él. Atado al mástil mayor de su acorazado, y luego de hacer bajar a todos, Asho traduce al inglés sus disculpas a la tropa extranjera por el cobarde ataque y, para darles una idea de sus métodos, prende los explosivos que había dentro del barco, incinera al traidor y él se hunde con el barco. Así termina la última esperanza de ir en ayuda de Shidou, algo que Senjyu lamenta en lo más profundo de su ser. Confundidos por su reacción, los extranjeros sólo atinan a retroceder, no sin antes sorprenderse de que aún quede encendido, en un hombre, el antiguo espíritu del samurai. La elevación volcánica de Sakura-jima es tomada por Sarasa no como el fin, sino como el inicio de una nueva etapa para el pueblo de Sakura.
10. Sakura Jima Fun Ga (La isla de Sakura estalla)
Mientras la isla de Sakura asciende lentamente, se inician las reparaciones del barco de Suzaku. Tatara intenta ayudar en el quehacer, pero el cansancio de la travesía y su condición de mujer frustran sus intentos. Zaki aún sigue intrigado por la fuerza interior del joven, pues con tan sólo una frase logró ganar la confianza de toda la aldea. El diálogo es interrumpido por un anciano de nombre Mashiro, quien aborda el barco y pide la ayuda de Tatara para liberar a su aldea en Chira, la cual ha sido tomada por las tropas de Shidou. Pero lo que convence a Sarasa es la descripción de un hombre vestido de azul con un parche en el ojo izquierdo. Zaki trata de disuadirla sospechando una trampa, pero Sarasa se encamina a aquel lugar en compañía de Hayato, quien a su vez tiene cuentas con Shidou. En una reunión con sus guardias personales -Tsukishiro, Masan y Suzuki-, Shidou hace conocer su equivocación sobre los verdaderos alcances del ejército de Tatara, al que llama tan sólo una guerrilla. Únicamente por molestar, Ageha expresa su disconformidad por el trato que le dan. Shidou le dice que él será usado como carnada para atrapar a Tatara, y él, en respuesta, envuelve el cuello de Shidou con sus cadenas y le echa en cara la situación. Los guardias se sorprenden del trato tan amable que le reserva Shidou después de tan grave falta de respeto. Tatara está a punto de llegar a la supuesta aldea, cuyas ruinas son custodiadas por monstruosas estatuas. Más adelante, divisan al azul Ageha colgado de cabeza. La repentina ausencia del guía confirma la más que obvia emboscada. Chacha y Kakujii ya se encuentran en el Suzaku pero no se quedan mucho tiempo, pues salen hacia Chira en busca de Tatara. El Joven del Destino y Hayato son cercados y confrontados por Suzuki. En lugar de enfrentarse cuerpo a cuerpo, Tatara saca veloz un cartucho de explosivos que arroja para hacerse de una salida. Hayato intenta cortar con sus flechas la soga que apresa a Ageha, y lo consigue después de varios intentos. Instantes después, ambos son apresados, y un repentino terremoto es la única campana de salvación para Sarasa. Todo ha sido sepultado por las rocas y sólo se ve a Shidou y Ageha. Cuando parecía que el primero había vencido a su mortal enemigo, de entre los escombros se levanta Sarasa, y Shidou lo mira atónito.
11. Shidou Shisu (La muerte de Shidou)
Todo el paraje está en ruinas, escenario perfecto para la pelea final entre Shidou y Tatara, ello ante la atenta vigilancia de Ageha. Las cosas no se ven bien para Sarasa, pues se halla indefensa al haber perdido la espada de Byakko. Shidou arremete contra su mortal enemigo, pero su herida en la pierna no le deja avanzar más. No importa lo cansada o dolida que esté la mano derecha de Shidou, su misión es matar a Tatara a como dé lugar y eso es lo único que tiene en mente, todo para salvar a su rey. Una y otra vez Sarasa se libra de la hoja de Shidou, pero ella también está herida, y se llena de desesperación al tener sólo una daga para defender su vida. Su temor más grande es morir sin antes haber cumplido su venganza contra el Rey Rojo. El tiempo pasa y el camino se hace más corto para ambos. Cada vez más el cansancio mengua sus fuerzas y los hace caer en mortales errores. Los pasos de Shidou son más penosos, pero su pensamiento está centrado en Senjyu y Shuri, lo cual son fuente de su momentánea fuerza. Sarasa empieza a dudar de su capacidad y eleva otra vez sus pensamientos a su hermano mayor, Tatara. Hayato, atrapado bajo una gran roca, despierta y se hace de su arco. Con gran esfuerzo, coge la única flecha que le queda. Shidou tiene a Sarasa al filo de su espada. En la morada de Senjyu, una criada desata sin querer el lazo amarillo símbolo del regreso de Shidou. En ese momento, el agonizante guerrero ve la semilla de olivo que cuelga del cuello de Tatara y comprende todo. Ambos, Sarasa y Shuri se conocen, se aman y a la vez se odian a muerte. Shidou peca de sentimental por un momento, tiempo suficiente para que Hayato librara una de sus piernas de la roca y la use de apoyo para tensar el arco. El drama se acentúa cuando el pueblo de Suzaku emerge en ese instante y deja ver la sagrada espada de Suzaku. La anciana del pueblo ve en ello un significado: los tiempos están cambiando y reclaman a nuevos hombres. Shidou recupera el sentido y toda la intención de matar a la chica que conoció una vez, pero el ambiente se petrifica cuando la flecha del joven se ensarta en el cuello de Shidou. Pese a que todo ya ha acabado, aún intenta matar a Sarasa, pero al fin las fuerzas lo abandonan y se desploma cuan largo es. Su último pensamiento se lo dedica a su amada Senjyu. El terremoto llega hasta la zona y sólo la aparición del fiel Yato salva la vida de Hayato y Sarasa. En las ruinas sólo se puede ver a un acongojado Ageha llorar a su amigo. Ya en la capital del Rey Rojo, una viuda Senju se consterna frente al cadáver de su esposo, y un amigo lamenta con toda la amargura de su corazón esta muerte absurda. El profundo grito de una mujer destrozada llena la habitación de desconsuelo.
12. Kunjou no Asagi (Asagi del ejército ultramarino)
El Rey Rojo es informado de una posible invasión por parte del Rey Azul, ordenada por el emperador. Sorpresivemente, Shuri decide ir a Kantou para espiar al rival soberano. Shuri le comunica a Sarasa su deseo de verla en los baños termales de Hayashida, en Kirijima. Ya en el lugar y apoyado en ella, Shuri puede despejar un poco el dolor por la muerte de su amigo. Ante Tatara se presenta un emisario portando una gran armadura y un mensaje de una alianza que pretende entablar el Rey Azul, más conocido como el Rey Serpiente, con Tatara. El rebelde se niega, y como respuesta el otro le enseña un dibujo de la espada Byakku. Sin muchas alternativas, decide viajar a Kantou, tras ordenar que el resto de sus hombres zarpe a los 10 días. En el puerto de Beppu, Sarasa encuentra a Shuri, quien de incógnito rapó su cabeza y ahora viste como monje. En el mismo barco viajan también un cargamento de esclavos y la guardia del Rey Azul. Kakuji y Hishou deciden seguirla de cerca. Asagi, general del Ejército Azul, ve la marca de los esclavos en Shuri y lo manda arrestar junto con su amiga. Son llevados, junto con otros esclavos, ante el Rey Azul en un coliseo con la única opcion de pelear entre ellos para salvar sus vidas. Entre las armas ofrecidas se encuentra la espada de Byakku, que es empuñada por Shuri. El resto de esclavos trata de huir pero es detenido por el emisario. Sarasa comprende que el Rey Azul es indiferente ante el sufrimiento ajeno. Shuri, emocionado por las valientes protestas de Sarasa, le pide casarse con él si logran salir de ésa. Ante el informe de que el Rey Rojo ha planeado matarlo, el tirano azul deja todo en manos de Asagi y al final decide que Sarasa sea sacrificada. Shuri escapa pero Sarasa es detenida por Asagi. En los calabozos, la prisionera se entera de la supuesta muerte de su amigo.
13. Saikai, Soshite (Reencuentro, y luego...)
Durante la preparación de la ceremonia, donde es bañada por esclavas sin voz, Sarasa es informada de la realidad del reino. Por su lado, Ageha saluda cortésmente al general Asagi, quien lo invita a bailar para la ceremonia. Vestida con un atuendo impresionante, Asagi obliga a Sarasa a tomar un somnífero mientras éste le explica sobre el sacrificio que todos los años se le hace al dios dragón para calmar su furia. Kakuji y Hishou se adentran en la verdadera realidad del reino azul, lleno de pobreza y desventura. Frente a las aguas, el dios dragón se presenta impresionante ante un pueblo aturdido con los efectos de una droga. El rey mira incrédulamente a Sarasa levantarse ante él, y la heroína pone en evidencia que toda la ceremonia es un bien elaborado montaje. El Rey Serpiente pide ayuda a Asagi y éste corta las cuerdas que los sostenían. Sarasa es rescatada por el emisario y el rey por un soldado. Éste le explica a Sarasa que él nunca estuvo a favor del Rey Azul y es el dueño legítimo de la espada Seiryu. El Rey Serpiente comparece ante Shuri, quien lo deja colgado sobre un foso de cocodrilos con una cuerda a medio cortar. La posterior aparición de Asagi no ayuda mucho a la situación, pues el trémulo rey se entera de que siempre fue utilizado por su general, el verdadero Rey Azul. El diálogo no va para más y la cuerda se rompe. El país está libre de la tiranía. En medio de la algarabía, una incrédula Sarasa avista a Shuri dentro del palacio; corre sin aliento hasta él y ambos se dan un memorial beso. Sin embargo, Asagi ha abierto la represa y la ciudad se llena de agua, y esto provoca la abrupta separación de ambos jóvenes. Shuri llega a revelarle su verdadera identidad pero Sarasa no logra oírlo. Es otro día, y en la mente de Sarasa sólo está el deseo de derrotar al Rey Rojo cuanto antes y volver a encontrarse con su amado Shuri.
   
www.sugoi.com.pe - 2009