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Chihiro, quien, junto con sus padres,
en camino a su nueva casa, llegan a un extraño
lugar. Allí, contra el deseo de ella, sus padres
empiezan a comer. Entonces, decide dar una vuelta, y
al volver se da con que sus padres se han convertido
en cerdos y que el lugar está ahora poblado de
extraños seres. La pequeña tampoco puede
volver por donde vino, pues ahora la senda ya no es
un enorme lago sino un mar.
Con la ayuda de un misterioso muchacho llamado Haku
y una sirvienta llamada Lin, consigue que la dueña
de una exclusiva casa de hospedaje la contrate. La patrona
se llama Yubaba y es una poderosa hechicera que le quita
la memoria a todos sus empleados, y que también
lo hace con ella. Pero sólo así Chihiro,
ahora Sen, se salva de ser convertida también
en cerdo. En tal lugar nuestra heroína pasará
por mil y un peripecias, al estilo de "Alicia en
el País de las Maravillas" o "Dorothy
en el reino de Oz", antes de lograr regresar sana
y salva con sus padres a su verdadero mundo.
Sen nunca olvida su nombre, pues Haku se lo hace recordar.
Cuando un extraño y maloliente ser llega al hotel,
la pequeña es la elegida para atenderlo, y al
hacerlo es felicitada por Yubaba, pues ese era un dios
del río contaminado por los humanos. Creyendo
que un "sin rostro" era un cliente del local,
lo deja pasar y éste empieza a comerse a los
de allí. Ignorante de esto y tras ayudar a Haku,
quien en su forma de dragón blanco es atacado
por unas aves de papel, nuestra heroína conoce
a Zeniba, hermana gemela de Yubaba. La pequeña
le da a su amigo una bola que le diera el dios del río
para curarlo del hechizo que lo está matando,
y le da la otra mitad de la bola al "sin rostro",
lo que lo obliga a arrojar todo lo que se comió.
Sen va a buscar a Zeniba para devolverle lo que Haku
le robara, acompañada del ahora calmado "sin
rostro", y Haku va luego a recogerla. En medio
del aire, ella lo reconoce finalmente como el que la
salvara una vez cuando casi se ahoga en un río
y le dice su nombre real: Kohaku, con lo que lo libera
del hechizo de Yubaba.
La hechicera la pone a prueba: para irse con sus padres
debe decir cuáles de los cerdos son, a lo que
ella responde que no están allí. Resulta
ser verdad y el contrato que ella firmara antes se destruye
por sí solo, y nuestra heroína ve entonces
que el lago es de nuevo la senda por la que vinieran,
y que sus padres la esperan en la salida del túnel
por el que ingresaron. La única condición
es que ella nunca voltee hasta salir al otro lado. Se
despide de su amigo, quien le dice que pedirá
su renuncia a Yubaba y que -una vez hecho esto- irá
a buscarla. Al llegar afuera se reencuentra con sus
padres y juntos prosiguen su camino como si nada hubiera
pasado. Sólo Chihiro sabe lo que en realidad
ocurrió. Del túnel se oyen los rugidos
de... un dragón.
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