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Sennen Joyuu (La actriz del milenio, 2001) Parte 1 de 2

En el año 2001, en el Imperial Cinema de la ciudad de Montreal, Canadá, se realizó el estreno mundial del segundo largometraje del director de “Perfect Blue” (1997), Satoshi Kon. El ambiente del Fantasia Film Festival, evento que tuvo tal honor, estaba cargado de expectativa. Kon había aparecido con un thriller contundente hace unos años y demostrado una vez más en este lado del Pacífico que la animación está lejos de ser sólo cosa de infantes. Para cuando los créditos empezaron a correr y las luces se encendieron, se descubrió entre un grupo de gente que aplaudía de pie su última creación: “Sennen Joyuu” («La actriz del milenio»). En la clausura del festival, la audiencia le otorgaría el Fantasia Ground-Breaker Award, un galardón que premiaba la innovación artística, y el de Mejor película de animación. Pero ¿qué llegaron a ver? ¿Qué historia había preparado Kon en esta ocasión?

Portada de la edición en Bluray de “Sennen Joyuu”

Genya Tachibana está produciendo un documental y cuenta con la ayuda de su joven camarógrafo Kyoji Ida. Aprovechando la demolición de los antiguos estudios Gin’ei, pieza fundamental en la industria de cine japonés durante décadas, Tachibana decide revisar la vida y obra de Chiyoko Fujiwara, una muy famosa actriz de cine que inició su carrera desde temprana edad en los ’30 y años después, en el pico más alto de su popularidad, decidió abandonarlo todo. Desde entonces, no ha hecho apariciones públicas ni concedido entrevistas. A pesar del paso de algunas décadas, Tachibana consigue una cita con ella en su retiro, una casa alejada de la ciudad. ¿Por qué ha accedido? Al llegar a su hogar, luego de las presentaciones, Tachibana le entrega a Chiyoko un objeto, el mismo que parece ser una de las razones por las cuales se les ha permitido estar ahí. Este abrirá la puerta de los recuerdos y nos revelará la búsqueda de Chiyoko, un viaje de mil años en el que el pasado y el presente, la realidad y la ficción, se confunden hasta ser indistinguibles. ¿Cuál es la importancia de ese objeto? ¿Por qué Chiyoko abandonó su carrera? ¿Cómo empezó todo esto?

Una de las cosas que uno notará como espectador de “Sennen Joyuu” es que la película siempre avanza y sólo parece tomarse respiros para luego volver a la carga. Esto hace que su hora y media de visionado se pase rápido. Esta fluidez es debida, en gran parte, a la edición y un manejo experto de las transiciones, algo que ya se había podido apreciar en “Perfect Blue”. Una que es especialmente apreciable en un momento clave de la película en el que recuerdo, ficción y realidad se funden y son atravesados por una voluntad que parece indetenible y que les otorga sentido.

En esta primera entrega, conoceremos un poco sobre la génesis del proyecto y su desarrollo bajo la supervisión del siempre recordado Satoshi Kon.

Inicio del viaje

Luego de que “Perfect Blue” se estrenara comercialmente en Japón a inicios de 1998, a Satoshi Kon se le acercó el productor Taro Maki con la intención de trabajar con él. Impresionado por ese primer largometraje, le propuso hacer algo semejante. No tenía una historia en mente, no tenía personajes, pero quería replicar (y maximizar) aquella narración en la que la perspectiva puede cambiar nuestro entendimiento de lo contado, multiplicar su efecto, hacernos ver que hay más capas de las que estar conscientes. A Kon le pareció interesante y aceptó (más tarde, explicaría que tenía ya dentro de sí una necesidad similar y que la aparición de Maki fue una muy feliz coincidencia). Acordado el cómo contar el nuevo proyecto, se puso a trabajar desde la primavera de 1998 en el Hemisferio Norte (aproximadamente en el segundo trimestre de ese año) en ideas para la trama.

Sadayuki Murai, coguionista de “Sennen Joyuu”

Para apoyarlo en ese periodo formativo de la historia, llamó al guionista colaborador de su filme debut, Sadayuki Murai. En este punto, puede parecer que “Perfect Blue” y “Sennen Joyuu” iniciaron de forma totalmente opuesta. En parte es cierto: la primera nació del libro homónimo de Yoshiaki Takeuchi, del que luego se intentó hacer una adaptación live action, pero el proyecto no llegó a buen puerto por ese entonces (años después, en el 2002, se estrenaría “Perfect Blue: Yume Nara Samete”, live action de Toshiki Satou). Ahí fue cuando se le propone a Kon hacer una versión animada, pero, al leer el guion hecho por el mismo Takeuchi, llegó a la conclusión de que no era interesante y, con algunas concesiones, rehizo la historia. Murai escribió un nuevo guion con ideas propias y las de Kon, quien reconoció rápidamente la afinidad que tenían. Para esta nueva película, a la que el director llamaría hermana de “Perfect Blue”, ambos se sentaron a pensar un guion desde cero, con la única condición en mente que su historia les permitiese utilizar distintos planos y acceder a diferentes perspectivas para enriquecerla.

Entre ideas que iban y venían, posibles tramas que luego eran desechadas, algunas cosas quedaban. Ya que se jugaría con planos diferentes, Kon tenía claro que debían incluir, como ya había pasado con su anterior película, obras dentro de su obra y para ello necesitaba a alguien que viajara entre ellas: una actriz. ¿De qué tipo? Todavía no estaba muy claro. Hasta que Murai propuso que sea de cine, que su historia personal suceda en paralelo con buena parte de la historia del cine en Japón, dentro de la era Shouwa (1926-1989), y su historia como actriz, los papeles que representara, suceda en paralelo con los últimos mil años de historia nipona. Ambos estaban satisfechos con esas ideas y decidieron desarrollarlas. Satoshi Kon no sabía en lo que se estaba metiendo.

Preparación

Comprometido con hacer creíbles las representaciones de las eras desde el periodo Heian (794-1185) hasta la actualidad, Kon decidió aprender más de historia de su país. Fue en ese momento en que se dio cuenta de lo poco que sabía de la misma. Realmente poco. Y con la conciencia de esto apareció también la de su escaso conocimiento de cine japonés.  Así que hizo lo que cualquier director esforzado y preocupado por su creación haría: se metió a investigar a la biblioteca y leyó cuanto libro pudo. Aunque nunca los contó, unos años después declararía que serían poco más de 600. 600 libros sobre todos los posibles detalles de esas épocas: vestimenta, comportamiento, formas de hablar, arte, etc. Además, aprendería más de su cine nacional.

La preparación llevaría su tiempo. Junto con la historia, otros elementos debían ser revisados, como las locaciones de las cuales se tomaría referencia. Por ejemplo, para viajar imaginariamente a eras pasadas, el equipo de “Sennen Joyuu” se trasladó al Toei Kyoto Studio Park que, como su nombre indica, se encuentra en la antigua capital. En este lugar se ha recreado la vida en el periodo Edo (desde inicios del siglo XVII hasta mediados del siglo XIX) con arquitectura, vestuario y objetos comúnmente utilizados por aquel tiempo y que se usan en la grabación de películas y series de televisión, por lo que también contaba con material para foros, iluminación y filmación. Así que el viaje cumplió un doble propósito.

El equipo visita Toei Kyoto Studio Park. En el extremo derecho: Satoshi Kon y su esposa, Kyoko, con vestimenta samurái

 

Arte y diseños de personaje

Cuando la investigación llegó a su término, una que duró bastante por lo mucho que había crecido el proyecto, la información recolectada nutrió el guion de la historia y al departamento de arte. Aunque no era la intención hacer un retrato de la vida y costumbres de épocas pasadas como si de un documental se tratara, sino de ser precisos en mostrar escenarios que se vieran auténticos, la abundancia de información ayudó a tener más recursos cuando de cambiar las cosas se trató, como agregar o quitar elementos de modo que no desencajaran con el ambiente que se iba a crear. Nobutaka Ike, director de arte que había trabajado con Satoshi Kon en su opera prima, se ocupó de los fondos.

Nobutaka Ike y los primeros diseños del arte de “Sennen Joyuu”

 

Una de las personas con las que quería volver a trabajar, pero esta vez con diferentes responsabilidades a las de “Perfect Blue”, era Takeshi Honda que, junto a Satoshi Kon, se encargó del diseño de personajes. Esto es crítico tomando en cuenta que a varios de ellos los vemos envejecer, por lo que deben mantener características que los definen a la vez que mostrar el paso de los años, especialmente la protagonista Chiyoko que pasa de la niñez a la senectud. Si observamos los primeros diseños de Honda, notaremos cuan distinto son de los finales. Pero Kon siempre demostró confianza en su trabajo, al punto de hacérsele raro llamarlo sólo ‘Honda’, ya que estaba acostumbrado a llamarlo ‘maestro’. Algunos dibujos después, consiguió ese aspecto tan distintivo (inocente, decidido y elegante) de Chiyoko.

Takeshi Honda y los primeros diseños de Chiyoko anciana

 

Pero las referencias tomadas no sólo se limitaron a los ambientes y los objetos. Para recrear de la forma más natural posible los momentos en que Chiyoko corre, utilizaron a una persona para que hiciera eso mientras parte del equipo la grababa. Esta dedicación sería reconocida por Satoshi Kon luego cuando declarara que, a pesar del bajo presupuesto con el que contaban, tenían en su equipo a gente muy talentosa, que escuchaba a los demás y respetaba las ideas ajenas. Y eso es algo que no es fácil de conseguir, incluso con un presupuesto estratosférico.

En la segunda y última entrega, no sólo hablaremos del aspecto sonoro (y la extraordinaria música de Susumu Hirasawa que pueden disfrutar en el siguiente video), sino también de elementos recurrentes en “Sennen Joyuu”, por qué Satoshi Kon dice que esta y “Perfect Blue” son hermanas y ahondaremos en los personajes que dan vida a esta historia.

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Comunicador, amante de los audiovisuales y las buenas historias. En constante proceso de aprendizaje.

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Proyecto Sugoi es el producto de la afición de un grupo de peruanos por el manga y el anime. Tras un preámbulo de varias iniciativas de pequeño alcance, que incluyeron la edición en julio de 1995 de “Meganime”, primer fanzín peruano dedicado al tema, el primer número de la revista “Sugoi” salió a la luz en abril de 1997.

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